jueves, 30 de julio de 2009

REVISTA NARRATIVAS / Nº8 / Julio-Sept.


NÚMERO OCHO DE REVISTA NARRATIVAS

logonarrativas.jpgRevista Narrativas NÚMERO 8

Ya está en línea el número ocho de Narrativas. Revista de narrativa contemporánea en castellano. Este número está especialmente dedicado al escritor Enrique Vila-Matas. 

Se puede descargar el número aquí.


EXPLORANDO LOS ABISMOS DE ENRIQUE VILA-MATAS

Explorador de abismos: Retrato realizado por el artista mexicano Ricardo Olvera. Técnica mixta: acuarela y lápiz de color.
Entrevista a 
Enrique Vila-Matas, por Ana Solanes
Un catálogo de ausentes, por 
Enrique Vila-Matas

LECTURAS

Un espía de letras. Nota sobre el viajero más lento que amaba a Carmen Miranda, por Antón Castro
Vila-Matas, viaje alrededor, por 
Miguel Sanfeliú
Pasavento o Matrix – una lectura, 
por Luisa Miñana
Algunos apuntes sobre El viento ligero en Parma, por 
Julio Salinas Lombard
Reseña de “Un Vila-Matas abreviado. Historia abreviada de la literatura portátil”, por 
Blanca Vázq
uez
Reseña de “El mal de Montano”, por 
Magda Díaz y Morales
Reseña de “Doctor Pasavento, por 
Gatito viejo
Reseña de “Exploradores del abismo”, por 
Faustino Ángel Sánchez García “Roxanne”, por Blanca Vázquez

ENSAYO:

La figuración circular del tiempo en la historia según Pao Cheng, porOmar Espinosa Cisneros
Universo finito. Antología del minicuento, por 
Homero Carvalho Oliva
Sócrates: diálogo frente a escritura. Notas al Crátilo de Platón, por
Eugenio Sánchez Bravo

RELATO:

“El circo nunca muere”, por Gabriel Báñez
“Mario”, por 
Fernando Sánchez Calvo
“La garrota”, por 
José Marzo
“Doctor Paracelso”, por 
Carlos Montuenga
“Sarto”, por 
Genoveva Arcaute
“Actrices y debilidades, o vidas nebulosas”, por 
Javier Guerrero Rodríguez
“Microcuentos”, por 
Homero Carvalho Oliva
“La corriente”, por 
Rolando Revagliatti
“Los pequeños”, por 
Salvador Alario Bataller
“Flor de Capomo”, por 
Paul Medrano
“El reloj de arena”, por 
Carmen Fernández Etreros
“De una noche de verano”, por 
Sergio Borao Llop
“El taquígrafo de versos”, por 
Juan Carlos Márquez
“Marcela”, por 
Mónica Gutiérrez Sancho
“El mural de la cantina”, 
por Li
lia Morales y Mori
“Yo te perdono”, por 
Francisco Ortiz
“El zapato”, por 
Miguel Rodríguez Otero
“Mi primera biblioteca”, 
por Marta Navarro
“Como sólo tú sabes”, por 
Fernando García Pañeda
“Amigos a la fuerza”, por J
avier Menéndez Llamazares
“Putrefacto”, por 
Emilio Gil (Jio)
“Chivos expiatorios”, por Ahmed Oubali
“La oración bajo el agua”, 
por Diego Chozas
“Vecinos per versos”, por 
Gustavo Marcelo Galliano
“Dos relatos”, por 
Lady López
“Líder”, por 
Luis Emel Topogenario
“Arquitexturas urbanas”, por 
Héctor Huerga

ENTREVISTA:
Entrevista a 
Angélica Gorodischer, por Sandra Becerril

RESEÑAS:
“Museo de la soledad” de 
Carlos Castán, por A. Castro
“Muertes de andar por casa” de 
Fernando Sánchez Calvo, por Ana Gorría
“El príncipe negro” de 
Iris Murdoch, por M. Aixa Sanz
“Mascarada” de 
Javier Munguía, por Caballero de Tauro
“Santuario”, de 
Edith Wharton, por A. Iruela Vara


viernes, 24 de julio de 2009

THE MIRROR


"Hay dos maneras de difundir la luz... ser la lámpara que la emite, o el espejo que la refleja. "
Lin Yutang

IMAGEN BY M.C ESCHER

martes, 21 de julio de 2009

CONSULTAS A OM. (4. El jardín de Manuel)

Manuel es el más prudente y trabajador de los vecinos de Om. Siempre anda planeando al milímetro cada uno de sus pasos, tratando de tener siempre el control de cuanto acontece en su vida. Cuida con esmero su jardín, poda y riega, planta, escarda, siempre en el momento justo para que ni una sola hierba escape con su alborotado crecimiento a sus planes. Concienzudo, riguroso, meticuloso, posee el jardín más bello y ordenado, lleno de plantas exóticas que otros no son capaces de cultivar.

Pero hace unos días las cosas se le pusieron complicadas. Una plaga de insectos invadió su jardín y de buenas a primeras todo su trabajo quedó destruido. Manuel no entendía por qué solo su jardín había sido atacado mientras el de su vecino crecía desordenadamente, sin demasiados cuidados y aún así, bello y frondoso.

Manuel se presentó apesadumbrado en casa de Om:

- Maestro, no entiendo qué he hecho mal. He cuidado mi jardín como cuido mi vida, lo he hecho todo en su momento y de la forma en que hay que hacerlo. Pero ahora me encuentro con todo destruido y no hay manera de que yo continúe con mis planes. No me quedan bulbos que cuidar, era el momento de podar pero mis árboles están muertos... y ¿qué voy a regar, si no queda nada con vida? No sé que hacer...

- Vuelve a tu jardín, límpialo, arranca todo lo que esté muerto y déjalo descansar.

Así lo hizo Manuel, cambió sus planes de poda y riego y se dedicó durante días a arrancar arbustos muertos, a talar árboles, a preparar la tierra. Volvió donde Om y le dijo:

- Maestro, ya he hecho lo que me dijiste... ¿qué hago ahora, qué planto?

- Nada - le contestó Om - solo espera, se paciente.

A regañadientes Manuel volvió a casa. Cada día miraba por la ventana y viendo su jardín abandonado sentía la tentación de empezar de nuevo a plantar bulbos y plantas exóticas. Pero recordaba las palabras de Om y muy a su pesar, esperaba.

Y una mañana, al mirar por la ventana, Manuel vio con sorpresa que su jardín se había llenado de nuevos brotes. Durante unos días observó con curiosidad las plantas que empezaban a crecer. No eran exóticas, nada de flores raras y delicadas, nada de bulbos alineados por colores y tamaños... lavanda, romero, tomillo, amapolas, flores pequeñas rojas, azules, amarillas... todo se llenó de color y de aromas de campo. Manuel corrió a contárselo a Om:

- ¡Maestro! Mi jardín ha revivido, pero de otra manera. Y es hermoso. Está lleno de flores y hay abejas y mariposas... huele de maravilla y practicamente no necesita de mis cuidados.

- ¿Qué has aprendido, Manuel?

- He aprendido a tener paciencia, a dejar que la vida me sorprenda con sus regalos, a no intentar controlarlo todo... y a valorar el jardín de mi vecino.

- Si, Manuel, la vida te ha quitado algo que amabas, pero te ha recompensado con algo que no esperabas. Disfrútalo y nunca olvides que no tenemos control sobre lo que nos sucede, pero siempre hay regalos que merecen la pena.

TEXTO BY Mayte Sánchez Sempere
IMAGEN BY Mónica Ferrero

miércoles, 15 de julio de 2009

LOS AMANTES de Juan Rodolfo Wilcock

Harux y Harix han decidido no levantarse más de la cama: se aman locamente, y no pueden alejarse el uno del otro más de sesenta, setenta centímetros. Así que lo mejor es quedarse en la cama, lejos de los llamados del mundo. Está todavía el teléfono, en la mesa de luz, que a veces suena interrumpiendo sus abrazos: son los parientes que llaman para saber si todo anda bien. Pero también estas llamadas telefónicas familiares se hacen cada vez más raras y lacónicas. Los amantes se levantan solamente para ir al baño, y no siempre; la cama está toda desarreglada, las sábanas gastadas, pero ellos no se dan cuenta, cada uno inmerso en la ola azul de los ojos del otro, sus miembros místicamente entrelazados. 
La primera semana se alimentaron de galletitas, de las que se habían provisto abundantemente. Como se terminaron las galletitas, ahora se comen entre ellos. Anestesiados por el deseo, se arrancan grandes pedazos de carne con los dientes, entre dos besos se devoran la nariz o el dedo meñique, se beben el uno al otro la sangre; después, saciados, hacen de nuevo el amor, como pueden, y se duermen para volver a comenzar cuando despiertan. Han perdido la cuenta de los días y de las horas. No son lindos de ver, eso es cierto, ensangrentados, descuartizados, pegajosos; pero su amor está más allá de las convenciones.

imagen by Igor Hera

lunes, 13 de julio de 2009

THE MIRROR




Espelhos:
Os espelhos estão cheios de gente.
Os invisíveis nos vêem.
Os esquecidos nos recordam.
Quando nos vemos, nós os vemos.
Quando nos vamos, eles se vão?
____________Eduardo Galeano

imagen: THE MIRROR 2006, by Steven Kenny

sábado, 11 de julio de 2009

ANIMACAM.TV: CONCURSO DE RELATOS CORTOS




 CÓMO PARTICIPAR.

Destinatarios:

Todos los públicos, de cualquier nacionalidad.

Requisitos:

* Registrate como Usuari@ 
en http://www.animacam.tv

* Crea o Transcribe Relatos de la Tradición oral relacionados con la cultura indígenena de tu país que no hayan sido publicados.

* Idioma a Utilizar: Cualquiera de las 4 Oficiales (Galego, Español, Portugués, Inglés)

Plazo de convocatoria:

Finaliza el 23 de octubre del 2009


viernes, 10 de julio de 2009

ALLÍ ESTABA YO

__Si, allí estaba yo.
__Apoyado en la barra de una conocida discoteca madrileña, bebiendo en pequeños sorbos una copa de esas que te salen por el ojo de la cara. Recuerdo que sonaba una balada de Aerosmith, una chavala bailaba muy efusiva, se movía y retorcía de puta madre, su culo no dejaba de inquietarme, en fin, tocaba esperar a que se acabara la canción para vérselo mejor.
__ La dichosa canción no parecía acabar nunca.
__ Me empecé a poner nervioso, mejor dicho de mala ostia, cuando un gilipollas se puso en frente de mi cara, supongo que, sólo por tocarme los huevos, porque lo único que me decía una y otra vez, es: que si nos conocíamos de algo y todo ese rollo.

__ Llegó el momento de decirle que se fuera a la mierda, aunque con que se apartara un poco también me hubiera servido.
__ Pensando que aquel tipo era gay me acerque a él, le dije que igual me había pasado, pero todo lo que yo quería era entrar a la piva en cuestión, antes de que otro me pisara el camino.
__ Le pedí disculpas.El cabrón me chuleó y se fue. Cogiendo a la tía buena del brazo.
__ Mi super mala hostia rozó límites inalcanzables, así que los seguí hasta la calle.

__Ya en el aparcamiento, vi como le decía zorra y no sé cuantas babaridades más, hasta que la cogió del pelo y estrelló su cara contra el capo de un coche. Así, como lo cuento. El tipo le seguía dando de hostias, la gente pasaba de todo, y fue precisamente ahí cuando más morbo me daba la tía. Sangraba por la boca y por la nariz, se encontraba medio desnuda y acumulaba golpes como un boxeador noqueado. Estaba preciosa, y yo allí, de miranda, aunque mi actitud me dejó hecho polvo, sentado en un bordillo.

__ En un descuido del tío este, ella se abalanzo a su cintura y bajándole los pantalones se la empezó a chupar, no sé sí por miedo a más hostias, o por viciosa. El hijo de puta estaba totalmente empalmado, como si se hubiera excitado durante la pelea, y ella movía los labios con una velocidad que me puso a cien. Soñaba con que esa fuera mi polla.
__ De repente junto al esperma salió un cacho de capullo. Me dolió casi tanto como a él. Ella cuando notó que iba a eyacular, como un perro le mordió con saña. Entre el escupitajo de una, y los abismales gritos del otro yo me sentí peor que nunca; medio desmayado, creo que vomité hasta la cena de la primera comunión.En una de esas arcadas me descubrió, vino hacia mí pidiendo ayuda; y a mí no se me ocurrió otra cosa que llevarla hasta mi coche, con la intención de desaparecer allí. Pero antes precisé del botiquín que me regaló una colega por si algún día lo necesitaba, lo estrené con ella, y curándola me dijo que mirara un momento hacia atrás. Así lo hice. Mientras me daba la vuelta intentaba echar el bulto del paquete hacia un lado, ya sabes, para que se notara más. La tenía a mi lado a solas por primera vez, y eso ya era todo un logro.

__ Escuchaba como meaba contra el suelo. Me repitió que me diera la vuelta, entonces me percaté que también estaba, pipa en mano, el tipo este de las narices, y como si lo hubiera hecho toda la vida me pegó dos tiros a bocajarro que me dejaron tumbado en el suelo. Cerrando los ojos y acabándose mi vida, sentí como los dos se iban con mi propio coche. A tomar por el culo.
__Supongo.


TEXTO BY Dioni Blasco

IMAGEN EXTRAÍDA DE LA WEB

lunes, 6 de julio de 2009

CUNETA


Con un compañero de trabajo, contador de historias como yo, en una de nuestras conversaciones nocturnas sin prisa, empezamos a hablar de esas sesiones especiales, que te dejan un sabor a hierbabuena o un olor a espliego o a tierra mojada que te relaja el alma y vuelves a casa grande y pequeño a la vez.

La suya, la más especial, fue en un pueblecito de León de 23 habitantes. Bueno no fue en el propio pueblo, fue en una ermita que estaba a cinco kilómetros de las casas del pueblo. Hasta allí, dando un paseo, le acompañaron nueve mujeres y dos hombres rondando todos los setenta y poco años. Se sentaron a las puertas de la ermita rodeada de cuatro o cinco manzanos mortecinos y tan poco cuidados como el edificio. La tarde se llenó de historias, de risas y de algún silencio largo. Historias de ayer, de antes de ayer, de uno o de otro, de cualquiera con nombre o sin él. La tarde se llenó de la vida de otros que tampoco dista tanto de la de uno. Comenzaron el regreso según caía la tarde. Regresaron por otro camino mientras mi compañero iba contando la persecución interminable de Orión a Tauro, o la caza de los pieles rojas que dan a la Osa Mayor en otoño tiñendo de rojo sangre los bosques caducos del Canadá.

De repente todos se detuvieron, en silencio, mirando a la cuneta. Mi amigo se detuvo también, calló, miró a la cuneta y volvió a mirar al grupo. Ya no estaba.

En su lugar había nueve niñas y dos niños que miraban con los ojos grandes a aquella cuneta. Once niños que regresaban de excursión con su maestra, bajaban de la ermita, cantando la alegría de ser niños y vivir cerca en un monte precioso. Once niños que acaban de ver cómo daban un tiro a su maestra por ser solo eso; por ser todo eso: maestra. Once niños a los que les tiraron al suelo sus libretas. Y vosotros no habéis visto nada -les dijeron. Once niños de entonces que lloraban sobre sus libretas arrojadas en el camino; lloraron niños como ahora lo volvían a hacer viejos.

Después nos mataron al cura también- dijo uno de ellos.

Sí, -continuó otra- en esta guerra que ganaron los curas y perdieron los maestros, a nosotros nos quitaron al cura y a nuestra maestra.

En silencio regresaron al pueblo y mientras las estrellas agujereaban la noche, mi compañero entendió que no solo les habían quitado al cura, y a la maestra. Les habían robado la infancia. Les habían anudado la libertad de contarlo, de decirlo, de dolerlo. Y con ese nudo habían seguido y seguían caminando.

De eso hace ya seis años y solo alguien como él podría haber convencido a la gente de ese pueblo para celebrar algo así. Cada año, cada fin de semana cercano al once de junio vuelve al pueblo donde ya le esperan los siete que quedan de aquellos once con alguno de sus hijos, nietos, vecinos y hacen una especie de romería a la ermita donde juegan y cantan aquella época, miman aquellos manzanos que viejos han vuelto a dar fruto y a la vuelta, dejan flores de lavanda en aquella cuneta.
No es un acto político. Es un acto honorífico. Celebran recordar aquello que nunca debió ocurrir para no olvidarlo. Celebran poder celebrarlo.

Me hizo saber que le encantaría que contara esta historia. Quizá invitemos a deshacer muchos nudos que aún quedan por ahí -me dijo. Y yo la cuento por eso, por desanudar. Y porque creo que estamos hechos de memoria. Y aquello que se olvida se pierde, se borra, se enmudece; pero aquello que se obliga a olvidar, paradójicamente se recuerda.

Buscar el olvido es hallar el recuerdo.

escrito por Félix Albo
http://felixalbo.blogspot.com/

imagen by Ana Rodríguez Pastor
http://anarpastor-ilustradora.blogspot.com/

miércoles, 1 de julio de 2009

El Incendio


La observo de nuevo, después de tanto tiempo.
Se toca el pelo con una distracción premeditada. Vuelve a encender un cigarrillo. Creo que es el segundo en el rato que llevamos aquí sentados.
La sirvo agua en su copa y noto que su mano tiembla cuando se la acerca a la boca.
Apaga el cigarrillo a medias y vuelve a tomar la copa de agua. Su mano sigue temblando.
- ¿Cuánto tiempo hace ya? –pregunta mientras deja la copa sobre la mesa.
- Cinco años, creo. Quizás algo más.
- Estás estupendo.
- Ya.

Aparece el camarero y ambos pedimos la comida. Ella, para variar, una ensalada y de segundo algo de verdura. Yo, algo raro, con un nombre de esos muy largos. En realidad da lo mismo, apenas lo probaré, no debería haber venido.
Otra vez coge la copa. Veo que su copa ya está demasiado sucia, la deben sudar las manos porque entre el pintalabios y las marcas de sus dedos la copa está hecha un asco.
Comienza a contarme su vida desde que dejó de estar conmigo. No la presto demasiada atención, pero ha debido ser una vida triste ya que al poco rato parece haber terminado. Vuelve a estar callada y con la copa de agua en su mano de nuevo.
- ¿Y bien?, ¿no vas a contarme nada de ti? –comenta seria
- Creo que mejor no, no quiero que sepas nada de mí.

Vuelve a beber de su copa. Cuando la deja sobre la mesa la lleno de agua otra vez.
- ¿Para qué has venido entonces?
- No lo se, dímelo tú.

Lo cierto es que no tendría que haber venido, no se que es lo que estoy haciendo aquí con ella. Nada de lo que me diga me interesa y preferiría no haberlo hecho.
El camarero vuelve con los primeros platos y ambos jugueteamos con la comida, metiéndola luego en la boca sin ganas.
- Me han dicho que te va muy bien con una chica, ¿es verdad? –me pregunta sin levantar la vista del plato.
- Creo que de las diecisiete cosas que menos te deben importar en la vida, una de ellas es esa.

Ahora tomo yo mi copa y bebo agua de ella. Me fijo en ella y veo que está llorando. Esbozo una sonrisa.
- ¿Y eso?, ¿desde cuando lloras?
- Eres un cabrón. Me hablas como queriendo vengarte de mi cuando solo quería saber como te va todo. –gimotea sobre su ensalada sin levantar aún la vista.
- Vaya, lo mismo que tú en el tiempo estuviste a mi lado. ¿Recuerdas?, la diferencia es que yo aún no se de quién te vengabas entonces.

Tiene la boca metida en su copa que ha perdido casi totalmente su transparencia ya y gimotea dentro de ella, haciendo que lágrimas, agua y saliva se mezclen. Deja la copa en la mesa, al mismo tiempo que le indico al camarero que cambie su copa. Saca un pañuelo del bolso y se seca las lágrimas.
- ¿Sabes?, aún recuerdo cuando me decías que yo había provocado un incendio dentro de ti. –me dice mientras guarda de nuevo el pañuelo en el bolso.
- Ahora ya no quedan ni las cenizas de aquello, hace tiempo que vino alguien a soplarlas. –me doy cuenta que ya la he contado algo que no quería.
- Siempre tan poético.
- Mira, esto es una estupidez, creo que ha debido irte muy mal en estos años y como te has quedado sin nadie a quien poder joder, me llamas a mí para probar suerte –va a responderme, pero con un gesto la callo, aún no he acabado- Eso o quizás has encontrado a otra persona que te haya hecho el mismo daño que sueles provocar, si es así, felicita a ese tipo de mi parte. Desde este momento es mi héroe.

Me levanto, recojo mis cosas y me preparo para irme, ella continúa llorando en la mesa con la mano agarrando la copa. La gente de alrededor la mira de reojo y parece incómoda por la escena. Me acerco al maître y tras dudar un momento, opto por pagar la factura de la comida. Vuelvo a echar un vistazo hacia la mesa y sigue gimoteando sobre su plato. Esbozo mi segunda sonrisa y salgo del restaurante satisfecho por la comida de hoy.