lunes, 30 de noviembre de 2009

ESPECIAL PEQUES



En marzo de 2009, la revista aL OTRO LADO DEL ESPEJO, comienza a ver la luz gracias al empeño de la asociación cultural La Vida Rima. Su pretensión: llenar el vacío inexcusable que el panorama literario español se empeñaba en hacer al relato, al cuento. La revista dedica sus páginas -físicas y virtuales- al relato en sí mismo, sin más pretensiones; con ilustraciones que acompañan y complementan. Un espacio donde tienen cabida los escritores de relato, los cuentistas, los microrelatistas, los ya conocidos y los no tanto. Conseguida su puesta en marcha y animados por la magnífica aceptación de la que disfruta, el paso siguiente, difícil,
pero también satisfactorio y sin duda el obligado, era hacer que nuestro especial anual, en este caso, el primero, fuese dedicado a los niños. Esos receptores ancestrales del cuento, con sus cabecitas llenas de historias. Así que, un puñado de ilustradores rebuscaron en su lado más infantil para acompañar
esos cuentos, el maestro Jordi Sierra i Fabra nos regaló uno de sus cuentos para niños y no tan niños –gracias Jordi- y 16 mentes pensantes en pleno desarrollo nos han mostrado lo
que sueñan.
Disfrutemos de la imaginación y de la frescura que solo los peques poseen, mientras lo posean.

LA CEGUERA DE LOS CIERVOS


El autor: Carlos Frühbeck Moreno nació en Burgos en 1977. Es diplomado en Óptica y Optometría, licenciado en Filología Hispánica y en Teoría de la Literatura. Ha sido profesor de Español para Extranjeros en China, Italia y Vietnam. Actualmente trabaja en el Centro de Lenguas Modernas de la Universidad de Perugia (Italia). Ha publicado lo poemarios Primera claridad (1994), Retratos de alquiler, (Premio Juan Alcaide 2002) y Caballos (Premio Antonio González de Lama 2005). También el ensayo Justo Alejo: Una escritura de vanguardia y compromiso (JCYL, 2003). Ha participado en numerosas antologías y colaborado en revistas como Narrativas, Al otro lado del espejo, En sentido figurado o Eclipse. Éste es su primer libro de relatos.


La obra: Poco antes de la Primera Guerra Mundial, unos cazadores cobran en la Selva Negra un ciervo con un ojo de cristal. Este hallazgo cambiará sus vidas y las de sus familias. Así comienza La ceguera de los ciervos, un libro que nos llevará a Hanoi para ser testigos del final de un exiliado argentino; o a Copenhage, donde una mujer dibuja la muerte de su amante mientras éste busca su infancia en un pueblo deshabitado. O al centro de Italia, donde los viejos recuerdan como si fueran árboles. Nueve cuentos en los que caben hombres solitarios que hacen todas las noches el amor con Julia Roberts, masacres de civiles italianos al final de la Segunda Guerra Mundial, pastores de lobos y artistas que sueñan con vidrieras imposibles. Unos personajes condenados a sentirse extranjeros. Que aún no saben dónde está la frontera entre el hombre y el fantasma.

http://www.edicionesdelviento.com/ – e-mail: info@edicionesdelviento.com Tel.: 981244468

PRESENTACIÓN.

Tres rosas amarillas y Ediciones del viento tienen el placer de invitarle a la presentación del libro La ceguera de los ciervos, de Carlos Frühbeck Moreno, que tendrá lugar el día 2 de diciembre a las 20,30 horas. El acto contará con la participación del editor Eduardo Riestra, el escritor Óscar Esquivias y el autor de la obra, C/ San Vicente Ferrer, nº 34 -28004 Madrid

viernes, 27 de noviembre de 2009

La casa de Lucio


Claro que era ridículo tener miedo al adentrarse en aquella vieja casa de ladrillo, cuando el sol no es ya nadie para prohibirles el paso, y afanosamente buscar allí dentro la ira obtusa del anciano y las ratas enormes como perros. Claro que sabían que no estaba aquel hombre, que la muerte lo sorprendió dormido en el prado de Arriba hace meses, y en su lugar una sombra habitaba impunemente en el desván, como un guerrero.

Del temor que los amedrenta mejor no hablar demasiado, son niños que lloran de frío, pero también de tristeza, y de la mano recorren pasillos mugrientos y alaban la desazón que les produce un ruido, una amarillenta revista pisada con desaire, las arañas que mesan sus cabellos y el desbarajuste del palacio transfigurado en caserón donde hubo, piensan, un crimen cada noche.

Son niños muy tenaces y al atravesar el fosco corredor descubren, besándose, a dos muchachos embadurnados de esperma. Miran con asombro sus rostros y ven lo difuso, lo diverso que amenaza con perseguir su ensoñación y hacerla más embuste aún, satisfecho ritual e insospechado. Regresan a la tarde con dolor de ojos, sin terquedad ninguna.

La casa de la muerte, la casa del amor al cabo. Muchísimo después crecieron y un día, los cuatro juntos, determinaron volver a aquella casa. Tenían el tiempo exacto para contemplarse a sí mismos de pie y de nuevo partir. Querrían recordar en vano la ruina y el deseo, y el sol que entontece como una bofetada.

TEXTO DE Luis Miguel Rabanal

ILUSTRACIÓN DE Jaime Martín

jueves, 26 de noviembre de 2009

Homenaje a Luis Miguel Rabanal


Este viernes, 27 de noviembre, Club Leteo & Producciones Vinalia Trippers tendremos el placer de presentar Elogio del Poeta: Luis Miguel Rabanal, leyendo fragmentos de Elogio del proxeneta (Ediciones Escalera, 2009) y algunos de sus otros libros.

En la lectura intervendrán: Alfonso Xen Rabanal, Alberto R. Torices, Ildefonso Rodríguez, Eloísa Otero, Félix Fernández, Víctor M. Díez, Amancio González, Jorge Pascual, Raquel Lanseros & Vicente Muñoz Álvarez, más todos los que deseen participar en la jam.

Será en el Club Cultural de Amigos de la Naturaleza (C.C.A.N.) de León, el viernes 27 de noviembre a las 21 horas, y la entrada será libre.
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¡ Os esperamos !

Cartel by Julia D.Velázquez

Presentación de "Mujeres cuentistas" 26-Nov 20:30 h.


miércoles, 18 de noviembre de 2009

Calidad y Excrecencia

Un tiranosaurio dueño de una multinacional, profundamente emocionado porque acababa de asistir a su primera clase sobre "Calidad y Excelencia", y mientras meaba en los urinarios de una de sus múltiples empresas, aprovechó la ocasión para poner en práctica los conocimientos recién adquiridos.
—¡Qué día más maravilloso! —le dijo el tiranosaurio a uno de los que limpiaban los retretes— No hay nada mejor para el ánimo que un poco de ejercicio. ¿Qué deporte practicas en tus ratos libres? Yo practico el golf y la equitación.
A lo que el limpiador respondió:
—Trabajo doble turno porque no me alcanza el dinero. No tengo tiempo ni fuerzas para practicar ningún deporte.
—Pero suponte que tuvieras tiempo —insistió el tiranosaurio sin perder un ápice su sonrisa —. Suponte que, por ejemplo, trabajaras solo un turno. ¿Qué deporte practicarías?
—Ninguno —respondió el limpiador—. Si tuviera más tiempo lo dedicaría a estar con mis hijos.
—¡Los hijos! —exclamó el tiranosaurio— Qué maravilloso deporte. ¿Y en qué club lo practicas?
—¿Club? ¿De qué está hablando? —preguntó el limpiador consternado.
—Maravilloso lugar —dijo el tiranosaurio subiéndose el cierre del pantalón—. A ver si algún día nos vamos a jugar juntos.
Luego le dio al limpiador una palmadita en la espalda y se fue presuroso. Su segunda clase sobre “Calidad y Excelencia” estaba a punto de comenzar.

TEXTO DE Franco Di Merda
ILUSTRACIÓN DE Ivan Soldo

sábado, 14 de noviembre de 2009

Un beso nipón

¿Saben?, a veces llama mamá y hablamos. Me cuenta como le va y le cuento como me va, por lo general nos va regular, la vida es descafeinada aunque nos empeñemos en lo contrario: hay que barrer el suelo y fregar los platos todos los días. Hablamos de las cicatrices del pecho y de las heridas que aún no se han cerrado. Cuando se acaba la conversación me dice te quiero y yo le digo que también, luego me manda un beso y yo le envío otro, imito con la boca el sonido que hace un beso y mi beso va montado en una onda electromagnética por los aires desde el centro de la península donde estoy yo a la costa del Norte donde ella lo espera.
Porque un beso es algo más que un gesto que hacemos con el cuerpo, algo más que cuatro labios que se tocan y retozan, algo más que dos labios que acarician una mejilla, o dos mejillas que se rozan a un lado y otro de una cabeza; más, sin duda, que dos labios que se posan sobre unos dedos y luego se levantan y soplan suavemente para enviar el beso a alguien que está lejos y lo espera y se despide agitando la mano o un pañuelo, más que dos lenguas lascivas que pelean o incluso que una boca en la entrepierna. Es algo más que eso, un sonido que revolotea: los labios son mariposas que expulsan a una mariposa hija, así que le envío a mi madre un beso al final de la llamada y éste alza el vuelo errático y sale de Delicias y de Madrid entero, y pasa sobre la sierra y cruza Segovia y Zamora y lo que haya después, hasta pasar la Cordillera Cantábrica, y entre la niebla que lo recibe sigue incansable hasta mi casa donde echada en la cama grande y con el teléfono al oído mi madre usa su oreja/mejilla como pista de aterrizaje para el bicho loco volador recién llegado, que vino de la capital, de mi casa, de mis labios, todo eso en menos de un segundo.
Y en ese justo instante truena en Tokio, ya saben, el batir de alas de una mariposa encima de la meseta castellana provoca una tormenta en la megápolis japonesa y allí están en un callejón Yeiko y Tetsuo y sus labios están a menos de un milímetro aun sin tocarse, las caras muy juntas, vestidos con el uniforme escolar, la chaqueta azul marino, la falda y el pantalón gris, después de tanta mirada furtiva en clase y en el comedor y de provocar tantos encuentros supuestamente accidentales: si pasas por el parque esta tarde y hace sol tal vez esté allí, a veces por las tardes me siento en un banco y leo un libro tomando el fresco –mentira, mentira-; Tetsuo acude al parque como quien no quiere la cosa y allí está Yeiko siempre hermosa, flequillo negro perfectamente cuadrado enmarcando su sonrisa franca y la falda un poquito más corta después de la escuela, se sientan a pasar la tarde y a hablar de cosas japonesas –ella no ha podido leer ni una sola página atenazada por los nervios-, algún día incluso se han rozado la mano, son jóvenes y todas estas cosas se sienten con fuerza y en el pecho, donde deben de sentirse, sus cuerpos tiemblan casi imperceptiblemente, y así decenas de tardes y decenas de noches de insomnio y de adolescentes cabecitas incapaces de conciliar el sueño sobre sábanas empapadas de sudor, hasta que llega el día de hoy: quién sabe por qué motivo o con qué estúpida excusa Yeiko y Tetsuo se han adentrado en ese callejón, tal vez siguiendo a gato pequeño que se les ha cruzado en el camino o queriendo ver algún árbol recién florecido –debe de ser primavera y los japoneses aprecian estas cosas-, así que por fin están escondidos del mundo y en el silencio solo roto por la brisa y las ramas frotándose, sus rostros casi en contacto, sus labios crepitando antes del primer beso mil veces imaginado en noches húmedas, y ya están muy cerca y los pechos casi explotando cuando de pronto truena fuerte, muy fuerte –millones de martillos cayendo a destiempo sobre un mismo yunque-, y todo se oscurece: Yeiko se asusta, abre los ojos, se encuentra los ojos recién abiertos de Tetsuo y comienza a llover como nunca y todo se llena del agua –el suelo, las mejillas, el pelo- y del sonido de un mar desparramándose sobre el asfalto, Yeiko siente el aliento caliente de Tetsuo en su rostro y se avergüenza y enrojece y dice adiós tímidamente bajando la cabeza, se da la vuelta, agarra bien la cartera contra el pecho y echa a correr a casa desesperadamente, buscando las esquinas, y allí se queda Tetsuo, taquicárdico y puteado –con el buen día que hacía minutos antes, joder-, su primer beso oriental chafado sin explicación aparente, simplemente –pero esto él no lo sabe- porque yo le mandé un beso aéreo a mi madre al final de la llamada antes de irme a dormir y la atmósfera es un sistema dinámico caótico extremadamente sensible a las condiciones iniciales, ya saben, esas teorías raras.

TEXTO DE:Sergio C. Fanjul
ILUSTRACIÓN DE:Toño Benavides

viernes, 13 de noviembre de 2009

Festival Eñe. 13/14 NOVIEMBRE / Madrid


Llega el Festival Eñe. Los próximos 13 y 14 de noviembre, el Círculo de Bellas Artes se llena de literatura. Más de 70 escritores, editores, creadores, músicos y cineastas nos hablarán de libros, personajes, actualidad y literatura. Habrá conferencias, lecturas de textos inéditos por los propios autores, música, talleres, conferencias exprés, poesía, acciones, mesas redondas, cara a caras... Participarán, entre otros, Javier Cercas, Eduardo Arroyo, Soledad Puértolas, Bernardo Atxaga, Álvaro Pombo, Antonio Gamoneda, Julio Llamazares, Leopoldo María Panero, José Luis Cuerda, José Luis Borau, Rodrigo Fresán, Manuel Gutiérrez Aragón y Alberto García Alix. Dos días llenos de literatura.

www.revistaparaleer.com


PROGRAMA

13.11.09

16.00 · Félix Romeo conversa con Diego Moreno, Carola Moreno, Enrique Redel, Luis Solano, Julián Rodríguez y Santiago Tobón: Dispara al editor Salón de Baile
16.30 · Leopoldo María Panero: Lectura y encuentro Sala de Columnas
· Manuel Gutiérrez Aragón, Ámparo Martínez Herranz y Agustín Sánchez Vidal: Un perro andaluz. Encrucijada de la vanguardia española Sala Valle Inclán
17.00 · José Antonio Marina Sala de Columnas
18.00 · Soledad Puértolas: Las enfermedades de los escritores Sala de Columnas
· James Frey y Rubén Romero: Bienvenidos a Los Ángeles . La ciudad del eterno sueño americano a través de la literatura y el cine Sala Valle Inclán
18.30 · Ana María Moix conversa con Esther Tusquets Teatro Fernando de Rojas
19.00 · Lorenzo Silva e Ignacio del Valle: Juicio a Larsson Sala de Columnas
19.30 · Carlos Franz, Juan Carlos Méndez-Guédez y Ronaldo Menéndez: De Macondo a Barajas Sala Valle Inclán
· Letteratura Italiana oggi Laura Pugno e Ivonne Aversa Salón de Baile
20.00 · Eduardo Arroyo: Literatura con brocha Presenta Alberto Anaut Teatro Fernando de Rojas
20.30 · Agustín Fernández Mallo: Un viaje Sala de Columnas
21.00 · Antonio Luque (Sr. Chinarro): El superpoder inútil Presenta Ana S. Pareja Sala Valle Inclán
22.00 · Entrega de Premios Eñe Con música de Germán Coppini Teatro Fernando de Rojas
24.00 · Graciela Baquero, Esther Ramón, Alejandro Céspedes, Juan Carlos Mestre, Pilar Fraile Amador, Pilar González España, José María Parreño y Marina Oroza Maratón de poesía. Boca a boca. Acción poética para ocho voces Sala de Columnas
24.30 · Javier López-Roberts, Vanessa Montfort, Alfredo Conde, Ricard Ruiz Garzón, Cristina Cerrada y Lourdes Ortiz: Noche de miedo. Lectura de cuentos de terror Sala Antonio Palacios

Cine. Ciclo Azcona
Proyecciones Cine Estudio
17.00 · ¡Ay Carmela!
19.30 · El Pisito


14.11.09

11.30 · Juan Bonilla conversa con Chema Madoz Teatro Fernando de Rojas
12.30 · Doménico Chiappe, Alckmar Luiz Dos Santos y Antonio Rodríguez de las Heras: Libro electrónico. 1000 Faqs Salón de Baile
· José Luis Borau: Cambio de tercio Sala de Columnas
· Fernando Savater y Emilio Sánchez Miguel: La lectura entre el aprendizaje y la emoción Presenta Carlos Alberdi Sala María Zambrano
13.00 · Vicente Molina Foix y Álvaro Pombo conversan con Jorge Herralde: Herralde , 40 años de editor Teatro Fernando de Rojas
· José Antonio Martínez Serrano Lo digital da buena impresión Sala Ramón Gómez de la Serna
13.30 · José Luis Cuerda y Telmo Rodríguez: Cata literaria Salón de Baile
14.00 · Rodrigo Fresán, Ignacio Echevarría y Ray Loriga Sala María Zambrano
14.30 · Fernando Iwasaki: El soniquete de Borges Salón de Baile
16.00 · Juan Cruz conversa con Javier Cercas Teatro Fernando de Rojas
· Lara Moreno, Use Lahoz, Robert Juan Cantavella y Jorge Carrión: Nuevas voces Salón de Baile
· Javier Calvo, Sergio Galarza, Juan Casamayor y Carola Aikin: Puro cuento Sala de Columnas
17.00 · Pilar Pérez Esteve: www .leer.es
Sala María Zambrano
17.30 · Juan Barja conversa con Antonio Gamoneda Teatro Fernando de Rojas
· Andrés Barba: El tema del mal en la figuración infantil literaria Sala de Columnas
18.30 · Gabriela Wiener, Fernando Marías y David Barba: Pornófilos Sala de Columnas
19.00 · Julio Llamazares y José Manuel Navia: Literatura y fotografía Teatro Fernando de Rojas
20.00 · Bernardo Atxaga: Funeral por un soldado muerto en Irak. Sobre la poesía Sala de Columnas
20.30 · Alberto García-Alix. Presenta Gonzalo García Pino Teatro Fernando de Rojas
21.00 · Manuel Vilas: Estaturas de hombres famosos: del 1,82 de Franz Kafka al 1,72 de Lou Reed Sala de Columnas
22.00 · Guillermo Fadanelli: La escritura como medio de autodestrucción Teatro Fernando de Rojas

Cine. Ciclo Azcona
16:00 · Tirano Banderas
17:45 · En brazos de la mujer madura
19:45 · La lengua de las mariposas
21:30 · El año de las luces
23:30 · La vaquilla

Programa infantil
Programación continua 11.00 > 14.00 y 16.00 > 20.00 Cuentacuentos, juegos, talleres, música y mucho más…
Edad: de 4 a 9 años
25 plazas por actividad
Azotea del CBA
12.00 > 14.00 · Aracne: el mito de la mujer araña con Carmen La Griega acompañada del arpa de Silvia Moreno. Teatro de objetos cotidianos
16.00 > 17.30 y 18.00 > 19.30 · Literatura: los chicos y las chicas tienen también algo que decir con Rosa Sobrino y Laura Benítez (AELE). Talleres de animación a la lectura

TALLERES EXPRÉS
Ocho talleres en un formato exprés de dos horas para iniciarse en la creación literaria. Previa inscripción [precio 20€] y aforo limitado. Más información en www.revistaparaleer.com
Los alumnos inscritos en los talleres obtendrán un abono sencillo para el festival que podrán recoger en La Fábrica (Verónica, 13)

13.11.09
17.00 · Anatomía del poema por Jesús Urceloy y Antonio Rómar. Organiza Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja
19.30 · Los secretos del best seller por Vanessa Montfort. Organiza Centro de Formación de Novelistas
· El motor de la creatividad por Isabel Cañelles. Organiza Escuela de Escritores

14.11.09
11.00 · El imaginario entre columpios por Víctor
García Antón
. Organiza Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja
· El baile de la escritura por Ignacio Ferrando. Organiza Escuela de Escritores
17.00 · Leer para escribir por Gloria Fernández Rozas. Organiza Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja
19.00 · Taller de diálogo por Carlos Salem Sola. Organiza Centro de Formación de Novelistas
19.30 · Los diez errores más frecuentes en la escritura de ficción por María Tena. Organiza Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja


ACCIONES
13.11.09
21.00 · Peru Saiz Prez: Lo hicimos bien, pero no lo suficientemente bien como para hacer una película sobre lo bien que lo hicimos Salón de Baile

14.11.09
12.30 Elena Medel y el ilustrador Guillermo Trapiello Gabinete de crisis Salón de Baile
14.00 · Alberto San Juan, Antonio Rodríguez Menéndez y Escuela de Letras Jazz Band: Rumbo a peor Sala de Columnas
18.00 · Víctor Coyote: Ruido bajito 4ª Planta
19.00 · Monoperro con Silvia Nanclares y Rocío Osuna: La más grande novela ilustrada Salón de Baile


MÚSICA
13.11.09
23.00 · Josele Santiago y sus menudencias Teatro Fernando de Rojas

14.11.09
23.00 · Fiesta de cierre Fernando Alfaro, Maderita, Coralie Clément y Dj Dr Volcán Sala de Columnas


EXPOSICIÓN
Selección de material documental sobre Luis Buñuel y su tiempo y proyección de la película Un perro andaluz en su ochenta aniversario Salón de Baile


RADIO 3
Programación especial en directo
13.11.09
17.00 > 19.00 El postre
14.11.09
10.00 > 12.00 Mundo Babel


FIRMAS, LIBRERÍA, CAFÉ Y MUCHO MÁS...


[abono 2 días 15 €]
[socios CBA · suscriptores revista Eñe 12 €]

El abono permite el acceso, hasta completar aforo, a todas las actividades excepto a los talleres

Puntos de venta
Círculo de Bellas Artes. Alcalá 42. 913605400
La Fábrica. Verónica 13. 913601320

martes, 10 de noviembre de 2009

I Festival de relato erótico


Ante la aceptación de los Festivales de poesía erótica, tanto de público como de poetas que desean recitar, ponemos en marcha un nuevo festival, esta vez de relatos eróticos.
Además, podréis comprar sus libros, que os dedicarán amablemente. Los beneficios de los mismos irán a parar al Colectivo Hetaira.


12 de noviembre de 2009 a las 21:00 en Consentido C/Barco 32


Se cobrarán 5 euros de entrada que incluye una consumición, 3 euros de cada entrada irán destinados también al colectivo.
Nos harán pasar una inolvidable velada con sus textos más calientes en un ambiente exclusivo, donde todo incita al erotismo:

Carlos Salem
Elena Gómez
Esteban Gutiérrez

José Naveiras
Mónica Sánchez leída por Isabel Sánchez
Parisa Aryán

El cartel de esta edición está elaborado por:
Almudena Cenamor

domingo, 8 de noviembre de 2009

EL PARQUE


-¡Ya estás aquí!
-El autobús llegó tarde.
-Bueno, me voy, ahí te la dejo. Ha pasado mala noche.
-Ande, que ya me quedo yo.
Y cerró la puerta a la hija de doña Engracia con quien vivía desde que la enfermedad se había recrudecido. La mujer la contrató por eso mismo: “¿Le importa que mi madre esté así?” “No, señora. No se apure, sabré manejarla”. Y sí sabía. Toda la infancia se la pasó cuidando a unos y a otros; la mayor de cinco hermanos en una casa donde también vivía una abuela ciega y el hermano tonto del padre.
-¿Cómo está, Engracia? -Y esperaba a saber quién sería hoy. La anciana la miraba sin verla, como casi siempre, hasta que sus ojos enfocaban en el presente lo que su mente recordaba del pasado, recreando en ella a quién querían ver. Entonces se animaba y empezaba a hablar con Carmela, que dejaba de ser ella para ser la persona que la mujer deseaba que fuese. Había dejado de intentar situarla, si ella quería que su hermana Amalia le contara lo que había pasado en clase, pues se lo decía. Qué era Zacarías, su marido, el que acaba de llegar del trabajo, entonces le hablaba de lo mismo que tantas veces le había escuchado contarse a ella, en voz baja; un murmullo susurrante apenas, una letanía que contenía retazos de su vida.
Los ojos aguados y azules de la anciana enfocaron una vez más la proyección del recuerdo. “Hija, qué alta estás ya”. “Sí, madre”. Al principio del día, Carmela no hablaba mucho, tenía que ir metiéndose en el personaje, situarse en el tiempo, la dejaba vaciarse de las palabras hasta tener los datos precisos para seguir la conversación. “No sé si te cabrá el traje”. “Me lo puedo probar, si quiere”. “No, que lo podríamos manchar”.
A veces, cambiaba rápidamente de recuerdo y Carmela tenía que volver a encarnar otro personaje, valiéndose de la interminable información que la anciana masculla hora tras hora. En ocasiones, simplemente, contestaba sin más, pero con coherencia, eso sí, porque si no, la mujer se daba cuenta; no le valía que le dieran la razón, o le siguieran la corriente; ponía trampas sutiles, tendía lazos dialécticos, hasta confirmar que no le prestaban atención, entonces se irritaba sobremanera, llegando a gritar exigiendo la presencia del hermano muerto hace años con quién estaba hablando. “¿Y tú quién eres, qué quieres, dónde está Andrés?” y se rompía el precario equilibrio entre la cordura y el olvido en el que se movía. Chocarse con el presente, futuro imposible para quien no recordaba haberlo vivido, era doloroso para ella, y para los demás, que no sabían cómo enmendar la memoria rota. “Madre, tranquilícese, soy yo, Alicia, está bien, está en casa conmigo”. “Usted no es mi hija, no sé quién es usted. Mi hija está en clase.”
Carmela no intentaba mostrarle la realidad. Cuando la dejaban intervenir, la llevaba de la mano hasta su refugio; esa mezcolanza temporal donde lo pasado seguía vivo y el presente se fundía en un borrón incomprensible de manchas, olores y voces familiares, pero a la vez aterradoras.
“Ande, madre, ¿qué ha hecho hoy?, yo he dicho bien la lección y la maestra me ha felicitado”. “Hija, ¿ya has vuelto?” Y sonreía tranquila a quien no era de su sangre, mientras que la pequeña, ahora mujer, se retorcía las manos desesperada. “No sé que maña tienes, Carmela, menos mal que te apañas bien. Me voy”. Y se iba, cada mañana, dejándolas en medio del mundo propio de la madre, en el que ya nada tenía sentido porque el tiempo dejó de medirlo.

Carmela saca a pasear a la anciana siempre que no haga mal tiempo, aprovechando para encontrarse con compatriotas que también tutelan gente mayor o niños pequeños; conviviendo con los extremos de la vida del país que los acogió: ancianos que les cuentan cómo fueron sus vidas y niños con los que compartir las propias infancias tan lejanas en el mapa. Una mezcla cultural de recuerdos que les une más allá del tiempo, del espacio, acortando fronteras al escuchar a los más ancianos desmigar sus vidas, ahora narradas, y al contar a los niños ese cuentito en el que el pequeño no parará de preguntar qué cosa era esa, o qué sabor tenía aquello, y al llegar a casa pedirá a la madre objetos y sabores lejanos e imposibles de adquirir, con los que crecerá aún sin haber visto ni saboreado.
-Hace buen día hoy.
-Sí, se está bien, ¿verdad, Engracia?
La anciana sentada en el banco, al sol, con los ojos cerrados pensando en lo que nadie podría adivinar, movió la cabeza, afirmando. “Sí, hace bueno”.
Y Carmela y su amiga, Claudia María, que solía estar a esas horas, asintieron de nuevo volviendo a alabar el día brillante y nítido que se respiraba. Estuvieron unos minutos sin decirse nada. “¿Recibiste carta de casa?” “Sí”. “Yo les llamo cada domingo, las cartas son pesadas, y si no está Juanito no pueden leerlas. Mejor llamo”. “Claro, además se les oye la voz y parecen más cerquita”. “Sí que es muy cierto, yo, es que… , perdona… ¡Borja, vení a por el bocadillo!” Y sobresaltó a la amiga y a la anciana que abrió los ojos, al cambiar el tono de confidencias por el de la voz en cuello. “Este niño es muy desobediente, le dije que no se alejase, que tenía que merendar enseguida y mirá dónde está; ni se le ve. Y no creas que va a venir así de fácil, no. ¡Borja, qué vengas!. Ya verás, si me tocará ir a mí.” Y se levantó con el bocadillo envuelto en papel de plata, refunfuñando y metiéndose con lo malcriado que estaba el niño.
Carmela se quedó mirando la escena de su amiga llevando la merienda al niño que cuidaba, y también la anciana, que una vez abiertos los ojos, ya no los cerró de nuevo, dedicándose a observar el parque y a no reconocerlo.
En el banco había quedado parte del envoltorio de la merienda; un trocito de papel de plata que la joven cogió como si estuviese hecho de verdad de ese metal, no podía evitar pensar que estaba robando algo valioso como cuando niña y recogía todo lo que brillaba. La primera vez que vio ese tipo de papel se deslumbró. Encontró entre los escombros donde buscaba parte de su colección de brillos, como los llamaba, un rollo de papel de aluminio que no sólo reflejaba el sol, sino que se dejaba moldear. Las demás piezas no; tanto las cuentas como los fragmentos de cristal y cerámica que tenía en la caja de latón, eran invariables. Se pasó largos ratos haciendo bolitas, cuadrados, muñecos, que ella creía valiosísimas esculturas de plata. Mientras las creaba las iba tasando y saliendo de la pobreza a medida que en su imaginación las iba vendiendo.
La decepción fue enorme cuando, tras mucho pensárselo y pasarse horas de guardia ante la dulcería más apetecible del pueblo, se decidió a abordar a la dueña tras el mostrador, y con su tono de voz más firme, le preguntó cuántos dulces, bollos, panes y chocolates, le daría a cambio de un Niño Jesús de plata. La dueña del establecimiento dudó unos segundos; haber visto a la rapaza apostada en la esquina cada día, le había intranquilizado un tanto y verla entrar, más. Pensó que no era un disparate que hubiese robado esa joya que ahora le ofrecía. Ya se sabe esa gente de los arrabales no tienen temor de Dios, pero en realidad, ella no tenía el porqué de saberlo, y no aceptar lo que se le tendía hubiera sido necio; si no lo cogía ella, lo haría cualquier otro. Así que miró a la niña severamente; “¿Qué figurita? ¿Una medalla?” “No, señora, un Niño Jesús, sin cadenita”. Y abrió el puño donde estaba fuertemente apresado algo parecido a nada: con imaginación y buena voluntad, se podía distinguir una cabeza coronada y un cuerpo con bracitos y pies. “Mire, ¿cuántos panes me puedo llevar? Es de plata, señora”. Y dejó, sudado y caliente, la figura de la que más orgullosa estaba, encima del mostrador, aupándose de puntillas para llegar. La mujer lo cogió y a punto estuvo de estampárselo: de ella no se reía nadie, pero la ira se le fue cuando buscando la risa en la niña, no la encontró; no se burlaba, lo decía en serio, creía que era bueno. Entonces la que se echó a reír fue ella: “Qué niña más tonta, ¿de verdad creías que esto era de plata?” Y las risas que escuchó, humillada, mientras se iba de la tienda, sin acabar de comprender del todo las carcajadas, la acompañaron toda la vida.
Carmela, instintivamente, apartó con rabia y dolor de sí la pequeña bolita de papel de aluminio que había estado modelado mientras, sin saberlo, volvía a salir con las manos vacías de esa dulcería.
-¡Ale! Ya le he dado el bocadillo. Ahora que se lo coma y no lo tiré por ahí-y las dos se miraron con la triste complicidad que da la incomprensión de tal acción-.
TEXTO POR Eva Monzón
ILUSTRACIÓN POR Álvarez Cabrero

sábado, 7 de noviembre de 2009

UNA VIDA MODELO


Qué vacío descubre uno en sí mismo/ cuando uno mismo busca su yo interno./ Qué ser desagradable se contempla/ cuando su propio ser uno examina.
José María Fonollosa.



Se despertó cansado y con dolor de cabeza. Con dolor de brazos. Con una insoportable pesadez de espalda.
Eran las siete y diez de la mañana. Igual que todas las mañanas.
Hacía años que no necesitaba ya el despertador. Su reloj interno le marcaba siempre la hora, mecánica, rutinariamente, incluso los días en los que no tenía que ir a trabajar.
Buscó a tientas las zapatillas por la alfombra, para no despertar a su mujer, y salió sin hacer ruido de la habitación.
Mientras se duchaba, enjabonándose lentamente y recibiendo el agua tibia en la cara, pensó de nuevo en lo mismo.
La cosa, ciertamente, estaba llegando a un punto extremo. Tenía cuarentaiséis años, una mujer y dos hijas que alimentar, y no podía soportar más su trabajo.
Se sentía desmotivado y atrapado por la cadena voraz del consumo, por el sistema falso que, como a tantos otros, le quisieron vender: sé productivo, sé responsable, cásate, cómprate un piso, aparenta ser buen padre, buen marido, endéudate, vive por encima de tus posibilidades, de tus necesidades, créatelas, hazte esclavo de ellas, aguanta, revienta, envejece, muérete...
Llevaba casi veinte años trabajando en la misma fábrica, hipotecándose en ella, desgastándose por dentro y por fuera, y se sentía sin fuerzas para continuar haciendo lo mismo.
Había tocado fondo.

Mientras se afeitaba, con la toalla enrollada en la cintura, contempló su rostro en el espejo: las bolsas hinchadas de los ojos, las arrugas en la frente, las manchas parduzcas en su piel. Sin duda alguna, aparentaba más edad de la que realmente tenía.
Desayunó un café y unas galletas, se tomó una aspirina, se vistió en la habitación procurando no hacer ruido y salió de casa.
De camino a la fábrica, siguiendo el recorrido de todos los días, volvió a pensar en lo mismo. Nunca le había resultado divertido el trabajo, pero hasta ese momento había podido siempre con él. Lo consideraba un mal menor, un medio para costearse una forma de vida. Sin embargo, desde hacía algún tiempo, todo había ido cambiando en su cabeza. El trabajo le resultaba, más que nunca, insoportable e inútil, su autoestima se había derrumbado y sentía un desinterés creciente por la mayoría de las cosas que le rodeaban. Como si todo, de la noche a la mañana, careciera por completo de sentido, sus valores, sus esquemas, sus proyectos y su maquinal forma de vida.
Quizá tenga que ser así, pensó, quizá no deba preocuparme, darle vueltas, quizá sea simplemente que me estoy haciendo viejo...
Se detuvo, como cada mañana, en la Churrería del Sur, un pequeño quiosco entre las moles de hormigón, y le sirvieron en la barra su copa de orujo acostumbrada.
Bebió un sorbo y hojeó por encima el periódico: crímenes, guerras, pobreza, descensos en la Bolsa, corrupción política, programas de televisión... Le pareció el mismo guión de siempre, las mismas noticias repetidas una y otra vez, el mismo montaje, la misma dinámica, la misma información: una realidad plagiándose absurda y despiadadamente días tras día.
Bebió otro trago apoyado en la barra y miró a su alrededor. También aquellas, las de sus compañeros, le parecieron de algún modo las mismas caras, las mismas facciones veladas por el mismo cansancio, por la misma náusea, por el mismo miedo. Todos tenían semejantes problemas, semejante trabajo, semejantes familias, veían los mismos programas de televisión y conversaban invariablemente de las mismas cosas. Todos, de una forma u otra, tenían marcado en sus rostros el sello apático de la resignación.
Apuró la copa de orujo y siguió andando por la avenida. La mañana estaba encapotada y ventosa, desapacible, y todo el mundo se dirigía apresuradamente al trabajo, cientos de personas circulando como autómatas por las calles, dispuestas a desempeñar su tedioso papel en el engranaje forzado de la sociedad.
En el fondo - se dijo - les debe pasar a todos lo mismo. Tarde o temprano tienen que pensar que nada tiene sentido, que nada merece realmente la pena... Pero que hay que seguir aguantando...
Cuando llegó a la fábrica, una enorme nave de facturación de piel, se dirigió al vestuario y, como todas las mañanas, se cambió en su taquilla de ropa: un mono de color gris, gafas y guantes protectores y un calzado ancho y holgado.
Entró en la nave, saludó a sus compañeros de turno y conectó su máquina de barbear y cortar piel.
Mientras daba forma al cuero, manejando cuidadosamente las cuchillas, pensó en lo que estaría haciendo entonces su mujer. Habría desayunado ya y estaría vistiéndose para ir al trabajo, otra fábrica semejante a la suya donde, igual que él, había desperdiciado toda su juventud. Imaginó su cuerpo envejecido y cansado enfundándose en la ropa, sus piernas blancas e hinchadas, salpicadas de venillas rojas, deslizándose en las medias, su melena recogida en una insulsa coleta, su cara ojerosa apresuradamente maquillada. La imaginó despertando a las niñas y despidiéndose casi al instante de ellas, bajando a la calle y corriendo bajo el cielo asfixiante y gris de la mañana. Y le pareció, de nuevo, que las cosas no tendrían por qué ser de ese modo.

Entonces, súbitamente, como si despertara al fin de un sueño, decidió hacer lo que había estado planeando casi a diario desde hacía varios meses.
Acercó su brazo a una de las cuchillas, lo situó por encima de la protección del guante de malla, ya a pocos centímetros del codo, y lo introdujo sin pensárselo en la cortadora.
No sintió apenas dolor. Sólo un intenso fuego.
Vio su mano en el suelo, moviendo convulsivamente los dedos en el interior del guante, y su brazo seccionado que comenzaba a sangrar: pequeñas flores brillantes, al principio, que progresivamente fueron aumentando de tamaño hasta teñir su vista de rojo.
Cayó de bruces, golpeándose contra el piso en la frente, y pese a todo, en lo profundo, se sintió en parte aliviado. Inútil al fin para la sociedad.

Antes de gritar, imaginó unas largas y bien merecidas vacaciones.

viernes, 6 de noviembre de 2009

EGO DE ESCRITOR


Un hombre aseguró en el Telediario que mantuvo la calma leyendo mi novela en el avión averiado.

Tuve que sabotear el motor de un Boeing 747 para que alguien, por fin, me leyese.


Oscar Sipán

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Apuntes para una teoría de la cerveza-ficción

Hoy Miércoles 4/11/2009
TRES ROSAS AMARILLAS
20:00h
c/San Vicente Ferrer nº34,
metro tribunal. MADRID






extraido del blog:
http://escaletra.blogspot.com/

Primer principio de la cerveza-ficción:
No hay principios. Ni siquiera finales.

Nada que demostrar o sostener, ninguna moraleja. Y si por casualidad surge alguna, será una moraleja con fecha de caducidad, de las que pierden el gas después de unas horas y pensadas de día parecen menos convincentes. Y nada convenientes.
La cerveza-ficción no pretende explicar o criticar a la sociedad en que se crea, aunque puede, en casos muy especiales y fundamentados, abogar por causas justas como la extensión del cierre de los bares o la rebaja del precio de las bebidas en los mismos.
Se puede mentir, inventar y hasta deformar, porque si no dejaría de ser literatura para convertirse en autopsia de la realidad, sociología de barra, filosofía de bar, metafísica etílica y noctámbula, en resumen: un coñazo.
Y de eso ya tenemos bastante.

Segundo principio de la cerveza-ficción:
No es necesario ingerir bebidas espirituosas para escribirla. Pero ayuda cantidad.

No es el efecto del alcohol el que impulsa las narraciones, aunque en muchos casos las aceita, les presta agilidad a sus ruedas pequeñas e indecisas, tipo carro de supermercado, y propicia la dualidad realidad-irrealidad que caracteriza a las narraciones de este modesto género que he dado en llamar cerveza-ficción.
No debe confundirse el papel optativo pero recomendable del alcohol —sea o no derivado del lúpulo— con el verdadero motor de las historias; es un medio y no un fin en sí, forma parte de la tinta pero nunca es el papel del relato. Y no es una opción estética, aunque en muchos casos su presencia y consumo acabe vinculándolo a la narración como pretexto. ¿Hay mayor tranquilidad que leer una historia delirante que acabamos de redactar y saber que, si es una bazofia, siempre podremos decir y decirnos aquello de «cuando lo escribí estaba como una cuba»?
Numerosos autores con y sin renombre u obra que los justifique han usado el alcohol como una musa complaciente, como algodón para tapar los oídos a los ruidos ajenos, los de los caseros reclamando el alquiler atrasado, los de las esposas reclamando atención o dinero, los de sus jefes de tristes trabajos reclamando más aplicación, Martínez, que está usted en la luna todo el tiempo. Y aún así, el cometido de la bebida en la construcción de narraciones de cerveza- ficción no está tan claro. No olvidemos que el escritor es un ser esencialmente vanidoso y tangencialmente egoísta, por lo que difícilmente admitirá que es la bebida la que le hace escribir, ni siquiera que le sirve de ayuda, aunque sostenga este argumento cuando alguien del círculo próximo le advierta que empina demasiado el codo.
En realidad, la importancia de la bebida en este tipo de relato reside en la localización, el escenario del acto de beber mientras ves los elementos de tu próxima historia: los bares. Pero eso nos lleva al tercer principio de la cerveza- ficción.

Tercer principio de la cerveza-ficción:
Aunque no todo acabe en un bar, debe comenzar en un bar o referirse a un bar aunque sea en el recuerdo.

La vida, la verdadera vida mentirosa, ocurre en los bares. Aunque uno beba en ellos un refresco de naranja (espacio disponible para publicidad).
La gente tiene una concepción equivocada de la utilidad de un bar. Se suele creer que es un sitio para hacer relaciones laborales después del horario de trabajo, para ligar o compararse, para seguir compitiendo como si no bastaran diez horas diarias o más de torneo desigual, para ser otros sin dejar de ser los mismos, para beber, lisa y abundantemente. Y puede que un bar sirva para todo eso, pero no es su función principal.
La gente va a los bares para sacar de paseo sus historias, dejar que estiren las piernas y que en más de un caso, luzcan esas mismas piernas. No se trata sólo de observar y tomar notas, sino de vivir —bebas o no licores— ese absurdo coherente de la noche, que empieza en la barra y acaba cuando sale el sol, ya sea tras las ventanas o en las entrepiernas. Y es al abrir esas ventanas o entrepiernas donde encontraremos el material para nuestras historias de cerveza-ficción. (También podemos encontrar un resfriado o una infección venérea, pero el oficio de escribir tiene sus riesgos.)

Cuarto principio de la cerveza ficción:
Todo está inventado, pero nadie ha leído todos los libros que existen.

Cualquier lector o aspirante a escritor que pretenda enrolarse en la filas de la cerveza-ficción, se encontrará de inmediato con algún espabilado que le señalará con suficiencia que el género que aquí presentamos no es para nada novedoso. Al listillo en cuestión le sobrarán ejemplos, comenzando tal vez por Bukowski y Miller, saltando por Lowry o ciertos cuentos de Carver, para seguir con Chandler o Kerouac.
Que no cunda el pánico ni se desate la violencia: el erudito tiene razón, ya que lo que esta denominación pretende no es innovar ni revolucionar las letras. Nada de eso. Se trata de ponerle un nombre a algo que ya existe, e intentar obtener a cambio algún dinero o favores sexuales. Como la medicina alternativa, pero sin tener que engullir cuarenta y cuatro pastillas al día.

Quinto principio de la cerveza ficción:
La literatura es una exageración.

Se intuye en el primer principio, pero exige un desarrollo. Los fanáticos de la «verosimilitud», los que ponen pegas hasta a la ingenuidad de Caperucita Roja frente a las argucias del Lobo Feroz, rara vez se sorprenden de que el jodido lobo hable o pueda hacerse pasar por una dulce abuelita. Cualquier relato exagera el asunto a tratar, al seleccionar o enfatizar momentos y aspectos para dejar otros en segundo plano. Se pretende poner en relieve algo y para ello hay que ocultar lo demás. Sin embargo, en lo que a cerveza-ficción se refiere, es necesario que la mentira sea verdadera al menos en una mínima proporción, que lo narrado tenga un origen cierto, fruto de la experiencia o de la observación. Y como el que pasa demasiado tiempo en los bares acaba viendo doble, es indudable que la observación se vuelve más abundante, aunque un tanto borrosa.
Sexto principio de la cerveza ficción:
El género no importa

No faltará quien «acuse» a este tipo de relatos de machistas y destinados exclusivamente al público masculino del tipo garrulo medio. Nada más equivocado. En lo que se refiere a la noche, los bares y los deseos desatados, la chicas (y apréndelo pronto si quieres tener material para tus relatos de cerveza-ficción o comerte una rosca de cuando en cuando), sólo se diferencian de los chicos porque orinan sentadas (aunque en los bares a los que me refiero, y por motivos de higiene, practican en realidad un delicado equilibrio digno de un tratado que refute la ley de la gravedad). Muchos de los relatos de este libro podrían haber sido escritos por una mujer, cambiando sólo el género del narrador y la ropa interior del mismo.
El verdadero machismo, me temo, consiste en referirse a las mujeres como seres etéreos, carentes de pasiones instantáneas, y tratarlas luego como objetos caros o baratos. Tomad nota, lectoras: tras esta dura apariencia se esconde un tipo sensible. (A ver si cuela.)

Séptimo principio de la cerveza ficción:
La posteridad no existe.

No te plantees cada relato como si el firmarlo o llegar a publicarlo pudiera acabar con tus posibilidades de recibir el Premio Nobel en el futuro lejano. No te lo darán nunca, y si lo hacen, serás tan viejo que no te darás cuenta. Conozco a docenas de excelentes escritores paralizados en la mitad de su primera novela porque aspiran a cambiar el mundo con ella. Pretenden hacer de su primera obra una obra maestra que les inmortalice. Yo suelo preguntarles qué escribirán después de esa novela perfecta, si logran acabarla. Y ellos piden otra copa y se quedan cavilando, porque no lo habían pensado.
Para escribir cerveza-ficción tienes que renunciar a esos prejuicios. Lo más probable es que este género resulte efímero y caiga pronto en el olvido.
Pero debes luchar para evitar que eso suceda.
Para que lo que ves de noche no se borre de día.
Para que los amores perdidos y los vasos derramados tengan sentido.
Y para que yo pueda vender este libro de relatos de cerveza-ficción y otro similar que estoy escribiendo.
Esta ronda la pagas tú.
La próxima, que la apunten en mi cuenta.


________________________Carlos Salem
________________________Casa Tirso. Lavapiés, 2009

lunes, 2 de noviembre de 2009

Marbella, 31 de noviembre


Marie es una camarera francesa con unas tetas enormes y bien colocadas. Vasili es un matón de la mafia rusa que está dispuesto a cambiar de trabajo si Marie se lo pide. Jesús es un empresario español que mantiene a Marie a cambio de un par de felaciones diarias. Jesús dice que follar es de camioneros. Lleva el pelo engominado hacia atrás y colecciona corbatas. Marie dice que hacerse rayas tan grandes es de camioneros. Lleva el pelo suelto y le encantan los tacones. Marie le pide a Vasili que lo deje. Vasili dice que tiene contrato hasta fin de mes.

Vasili entra en el bar, escupe en el suelo, mira a Marie, vuelve a escupir, saca la pistola de su costado y apunta a Jesús. Jesús se hace una raya enorme en la barra y le dice a Marie que se la chupe. Vasili encañona a Jesús, dispara y le vuela la tapa de los sesos. Marie coge el billete y se mete la raya. Vasili besa a Marie y le pide que se vaya con él. Marie dice que no. Ahora es la viuda de Jesús.

Texto por: Mario Créspo
Ilustración: Sonia Pulido

domingo, 1 de noviembre de 2009

Mujeres cuentistas / Antología de relatos

26 de noviembre
20:30 h
en “Tres rosas amarillas”,



PRÓXIMA APARICIÓN

Cuentan y relatan: Inés Matute, Inma Luna, Ángeles Jurado, Ana pérez Cañamares, Roxana Popelka, Marina Sanmartín, Déborah Vukušić y Carmen Camacho.

Ediciones Baile del Sol
http://www.bailedelsol.org/

¿Qué quiere la mujer? fue la única pregunta que según propia confesión Freud nunca pudo contestarse.
Tienen ustedes ahora en las manos la posibilidad de encontrarle su respuesta: nueve excelentes escritoras españolas muy siglo XXI no han dejado tema sin abordar ni sentimiento humano desatendido. Del cuento extenso al microrrelato, nos ofrecen lectura para todos los gustos. Por eso mismo cabe adentrarse con paso firme en cada uno de los textos.
“Hic sunt leones” solía estar escrito en los antiguos mapas cuando los cartógrafos se enfrentaban con tierras inexploradas. Aquí hay leones, peligros imposibles de enfrentar, se pensó también cuando escritoras de calidad se arriesgaron a abordar el lenguaje desde sus muy personales posicionamientos. Hoy en día, un importante número de ellas ha cartografiado sus propios territorios interiores y lingüísticos, que lectores y lectoras avisadas exploran con placer. La presente antología ofrece nuevos derroteros para incursionar en tierras que fueron ignotas hasta no hace tanto tiempo.
Envidio a quienes se sumergirán por primera vez en este libro que brinda el placer de una aventura hecha de deslumbramientos y posibles peligros. Son páginas ricas, húmedas de un erotismo femenino.
¿Creen ustedes como yo que las escritoras encaran el lenguaje desde un ángulo distinto del de los escritores? ¿Acaso nunca se han planteado la cuestión? Ahora tienen la oportunidad de hacerlo. Sean valientes. Enfrenten con gusto a estas nueve leonas españolas que apuestan en serio por la literatura. Esto sí es lo que quiere la mujer: decir su verdad, expresar su deseo y disfrutar el gozo del fluir en el lenguaje, a fondo y desde el fondo. Secreto de secretos que intimidó al padre del psicoanálisis. Y a tantos otros.


Luisa Valenzuela