
lunes 29 de junio de 2009
domingo 28 de junio de 2009
III Premio de Microrrelatos Eróticos “Jeanne Traumnovelle”

III Premio de Microrrelatos Eróticos
“Jeanne Traumnovelle”
La revista de arte y letras ACADEMIA DE UÑAS la asociación cultural www.frutosdeltiempo.com y El institut municipal de cultura de Elche presenta el II PREMIO DE MICRORRELATOS ERÓTICOS " Jeanne Traumnovelle "
B A S E S
1. Los trabajos serán escritos en lengua castellana y solo se admitirá uno por autor.
2. El tema versará acerca de toda clase de erotismo.
3. Los textos deberán ir firmados con el nombre y apellidos del autor, una dirección de correo electrónico y teléfono del mismo.
4. Se valorará el humor, la agudeza y el sarcasmo.
5. Se pide brevedad: 15 líneas máximo en formato Word, tipografía Times New Roman de 12 puntos y a doble espacio.
6. Los textos se enviarán a la siguiente dirección de correo electrónico: jeannetraumnovelle@yahoo.es
7. El plazo de admisión finaliza el 30 de Noviembrede 2009.
8. Este premio no podrá declararse desierto.
9. Se constituirá un jurado de escritores miembros del grupo poético ABRIL 2005 que elegirán 1 cuento como ganador, al que se premiará con Diploma y juguete erótico elegido por el vencedor dependiendo de su sexo y condición sexual.
10. Se hará una selección de relatos que serán publicados tanto en la página web de frutos del tiempo como en un libro.
11. La participación en este concurso supone la plena aceptación de sus bases.
viernes 26 de junio de 2009
Todos los días las mismas caras...
NOTICIA RECOGIDA EN EL PAÍS DIGITAL.Un muerto y 19 heridos en una colisión múltiple en Álava.
El incendio de un autobús ha provocado un choque en cadena en el que se ha visto implicada una quincena de vehículos
AGENCIAS - Madrid - 24/05/2007
Un autobús de la línea regular que une Pamplona y Vitoria sufrió esta mañana una avería sin consecuencias que, a la postre, provocaría un choque múltiple en el que se vieron implicado hasta una quincena de vehículos y que segó la vida de una persona y causó heridas a otras 19.
El conductor del autocar, de la empresa La Burundesa, ha contado a Radio Vitoria como, tras arrancar de la parada de Salvatierra e incorporarse a la Nacional I, sufrió un problema mecánico. El motor, del que salía mucho humo, terminó incendiándose. Los ocho pasajeros que llevaba, "habituales" de la línea, se bajaron del vehículo, que luego quedaría completamente calcinado.
El autocar en llamas obstaculizaba en parte el carril derecho de la carretera, que estaba cubierta además por una densa niebla. Fue entonces cuando el conductor comenzó a escuchar golpes por detrás. Entre el humo negro del incendio y la niebla, los coches que venían por la carretera se encontraron de bruces con el vehículo y frenaron en seco, provocando un choque en cadena, según ha indicado la policía.
En total, 19 personas han resultado heridas, tres de ellas graves, y una ha fallecido en este siniestro, que ha tenido lugar a las siete de la mañana en la localidad alavesa de San Millán, cerca del límite con Navarra, según la policía autonómica vasca. Entre los 15 vehículos implicados hay cuatro camiones y dos furgonetas, así como coches de la policía. Los heridos han sido trasladados a los hospitales vitorianos de Txagorritxu y Santiago.
La carretera sigue cortada en dirección a Francia, lo que ha provocado atascos kilométricos. De hecho, en esta cola se ha producido otro accidente, con cuatro vehículos implicados pero sin heridos de consideración. La policía ha habilitado un desvío por la carretera comarcal A -3100 desde Olaona, desde la que, pasando por la comarcal A-3188 se accede de nuevo a la N-I pasado ya el accidente.
RELATO:
Todos los días las mismas caras sentadas en los mismos asientos mirando las mismas puñeteras ventanas. Paisajitos verdes mojados por el agua, montañas que hacían babear a fotógrafos que no tenían ni idea de lo que era ver aquellos monumentos naturales día a día a día a día…
Tenía que haberme mudado a Vitoria, se decía en voz baja y a regañadientes, de haberlo hecho ahora no tendría que soportar al tipo ese calvo, el que siempre se sienta en el primer asiento, comentar que ayer el Liverpool jugó mejor y mereció la victoria, mientras el conductor, que es del athletic y se lo recuerda a todos todos los días, dice que el Milán es mejor equipo, con más oficio y no sé qué gaitas más. Tenía que haberme mudado a Vitoria, se volvió a decir, porque estoy hasta las pelotas de todo esto, de este autobús de caras rectilíneas y rutinarias, de tener que ir de una ciudad a otra y luego volver otra vez y así de lunes a viernes siempre, y algunos fines de semana.
Y toda esta mierda se solucionaría si hubiese cogido aquel piso que vio entonces, cuando tuvo que elegir entre la ciudad de su trabajo o la ciudad de su novia. “Dormiremos juntos todos los días, y no está tan lejos, y con un poco de esfuerzo todo saldrá bien y saldremos adelante”. Había dos chicas jóvenes que a diario iban, suponía, a la universidad, y por un momento pensó que tirarse a una de ellas sería una buena venganza personal, una especie de echarle las culpas a las consecuencias. Como otras mañanas, se puso a echar cuentas de todos los minutos de su vida perdidos en aquel asiento. Una hora tiene 60 minutos, empezaba el razonamiento, y yo llevaré aquí más de 100 horas, más de 200 tal vez. No sé, puede que incluso más. Y entonces le entraba como una rabia por dentro y deseaba, por su parte, que todo se fuese a la mierda. Empezaba a imaginarse playas enteras llenas de petróleo, y bosques ardiendo, y gente muriendo por todas partes. El cambio climático, pensó mirando a la lluvia, ojalá que estén en lo cierto y nos mande a tomar por culo, y toda esta gente y todos estos horarios huyan despavoridos pero vivos por una vez.
Cada vez se cabreaba más. Pensaba también en asesinos en serie y cómo podía entenderles desde ese asiento de ese autobús, cómo podía sentir esas ganas de matar y acabar con todo. Que ocurriese algo, lo que sea, aunque sea malo, muy malo, pero que por una vez ocurra, joder.
Y se encendió un cigarro. Lo hacía todos los días bajo el resguardo del último asiento y con todas esas caras ensimismadas apestando a rutina, mirando siempre a otro lado. Se encendió un cigarro y empezó a fumar y a respirar ese humo que era lo más parecido a la palabra reconfortante. Cuando creía que no podía más, se encendía ese cigarro y pasaba del mundo concentrándose solo en la próxima calada. Sólo en la próxima calada. Sólo esa. Y luego, después de expulsar nubes grises que se enredaban entre sus piernas, volvía a levantar la cabeza y mirar de nuevo el aburrimiento de aquel autobús.
Pero aquella vez aquella mujer le miraba. Y eso era algo. Imaginó que lo mismo se montaba un espectáculo en el autobús e incluso el conductor podría echarle, por fin, llamando a la policía o lo que fuese. Aquella mujer le miraba, aquella mujer que tendría unos 40, separada seguramente, con un crío mayor que ya pasa de madres, y un curro de mierda también limpiando portales o lo que fuera, quién sabe, a quién le importa, aquella mujer, de haber tenido nombre, se habría llamado Esperanza, se dijo, seguro. Y le seguía mirando mientras la cortinilla de humo subía por su jersey y hacía de prueba del delito. Entonces ella se levantó, y poco a poco, lentamente, se acercó hasta el último asiento y se sentó junto a él.
- ¿me das una calada? Por favor
Y a él le empezaron a temblar las manos porque ella le miraba a los ojos mientras cogía el cigarro. Le temblaban las manos y de golpe empezó a temblar todo y el autobús pegó un frenazo y el tipo calvo se cayó al suelo y el conductor comenzó a hablar por el altavoz diciendo que tenían que salir del bus, en orden y con cuidado, manteniendo la calma, despacio, y ella, que seguía con el cigarro, se levantó y bajó, y le miró como comprobando si él la seguía. Y claro que la seguía.
Abajo, los dos, se quedaron de pie junto a la carretera, mirando como ardía el motor primero, y después el autobús entero mientras ellos se pasaban el cigarro y soltaban humo, y los coches que venían detrás se estrellaban, y todo ardía entre la lluvia y las nubes negras, y ella entonces le cogió la mano y le dijo en voz baja
-Hace un día maravilloso.
Y él contuvo aquella vez, pero sólo aquella vez, las ganas de besarla.
Tenía que haberme mudado a Vitoria, se decía en voz baja y a regañadientes, de haberlo hecho ahora no tendría que soportar al tipo ese calvo, el que siempre se sienta en el primer asiento, comentar que ayer el Liverpool jugó mejor y mereció la victoria, mientras el conductor, que es del athletic y se lo recuerda a todos todos los días, dice que el Milán es mejor equipo, con más oficio y no sé qué gaitas más. Tenía que haberme mudado a Vitoria, se volvió a decir, porque estoy hasta las pelotas de todo esto, de este autobús de caras rectilíneas y rutinarias, de tener que ir de una ciudad a otra y luego volver otra vez y así de lunes a viernes siempre, y algunos fines de semana.
Y toda esta mierda se solucionaría si hubiese cogido aquel piso que vio entonces, cuando tuvo que elegir entre la ciudad de su trabajo o la ciudad de su novia. “Dormiremos juntos todos los días, y no está tan lejos, y con un poco de esfuerzo todo saldrá bien y saldremos adelante”. Había dos chicas jóvenes que a diario iban, suponía, a la universidad, y por un momento pensó que tirarse a una de ellas sería una buena venganza personal, una especie de echarle las culpas a las consecuencias. Como otras mañanas, se puso a echar cuentas de todos los minutos de su vida perdidos en aquel asiento. Una hora tiene 60 minutos, empezaba el razonamiento, y yo llevaré aquí más de 100 horas, más de 200 tal vez. No sé, puede que incluso más. Y entonces le entraba como una rabia por dentro y deseaba, por su parte, que todo se fuese a la mierda. Empezaba a imaginarse playas enteras llenas de petróleo, y bosques ardiendo, y gente muriendo por todas partes. El cambio climático, pensó mirando a la lluvia, ojalá que estén en lo cierto y nos mande a tomar por culo, y toda esta gente y todos estos horarios huyan despavoridos pero vivos por una vez.
Cada vez se cabreaba más. Pensaba también en asesinos en serie y cómo podía entenderles desde ese asiento de ese autobús, cómo podía sentir esas ganas de matar y acabar con todo. Que ocurriese algo, lo que sea, aunque sea malo, muy malo, pero que por una vez ocurra, joder.
Y se encendió un cigarro. Lo hacía todos los días bajo el resguardo del último asiento y con todas esas caras ensimismadas apestando a rutina, mirando siempre a otro lado. Se encendió un cigarro y empezó a fumar y a respirar ese humo que era lo más parecido a la palabra reconfortante. Cuando creía que no podía más, se encendía ese cigarro y pasaba del mundo concentrándose solo en la próxima calada. Sólo en la próxima calada. Sólo esa. Y luego, después de expulsar nubes grises que se enredaban entre sus piernas, volvía a levantar la cabeza y mirar de nuevo el aburrimiento de aquel autobús.
Pero aquella vez aquella mujer le miraba. Y eso era algo. Imaginó que lo mismo se montaba un espectáculo en el autobús e incluso el conductor podría echarle, por fin, llamando a la policía o lo que fuese. Aquella mujer le miraba, aquella mujer que tendría unos 40, separada seguramente, con un crío mayor que ya pasa de madres, y un curro de mierda también limpiando portales o lo que fuera, quién sabe, a quién le importa, aquella mujer, de haber tenido nombre, se habría llamado Esperanza, se dijo, seguro. Y le seguía mirando mientras la cortinilla de humo subía por su jersey y hacía de prueba del delito. Entonces ella se levantó, y poco a poco, lentamente, se acercó hasta el último asiento y se sentó junto a él.
- ¿me das una calada? Por favor
Y a él le empezaron a temblar las manos porque ella le miraba a los ojos mientras cogía el cigarro. Le temblaban las manos y de golpe empezó a temblar todo y el autobús pegó un frenazo y el tipo calvo se cayó al suelo y el conductor comenzó a hablar por el altavoz diciendo que tenían que salir del bus, en orden y con cuidado, manteniendo la calma, despacio, y ella, que seguía con el cigarro, se levantó y bajó, y le miró como comprobando si él la seguía. Y claro que la seguía.
Abajo, los dos, se quedaron de pie junto a la carretera, mirando como ardía el motor primero, y después el autobús entero mientras ellos se pasaban el cigarro y soltaban humo, y los coches que venían detrás se estrellaban, y todo ardía entre la lluvia y las nubes negras, y ella entonces le cogió la mano y le dijo en voz baja
-Hace un día maravilloso.
Y él contuvo aquella vez, pero sólo aquella vez, las ganas de besarla.
lunes 22 de junio de 2009
sábado 20 de junio de 2009
EL MANOSANTA

-Unquillo era otra cosa -dijo serio el Payo Ortiz -Antes la gente se saludaba, todos se conocían; ahora te empujan en la vereda y si te caes, te pisan…
Hacía tiempo que este hidalgo de Unquillo, este señor de la amistad, tomaba a sorbitos su Fernet servido en una pequeña copa de vidrio, tan pequeña como su esperanza.
Desde la mesa del bar, a un costado de la Municipalidad, el Payo observaba la larga avenida en espera del ómnibus que lo llevaría a Cabana.
-Ya no tengo con quién conversar -le confió a su amigo -Se acabó la elegancia, el buen decir. Todos hablan de plata, dicen palabrotas, andan con el celular en la mano develando intimidades en público sin importarles nada del prójimo… -¿Vas a tomar algo? -preguntó con ojitos vivarachos buscando conversación.
-Un cortado -contestó Ricardo Mirolo.
-Me ocurre una cosa curiosa. Tengo más de ochenta años y para mí el tiempo es valioso. No lo quiero perder con cualquiera -sentenció, haciéndole un homenaje a su amigo el pintor. Y continuó: -El otro día hice una lista de las personas con las que me interesa encontrarme cuando bajo al pueblo y me dio trabajo completar la docena. Antes, era distinto… Al que extraño mucho es al Ruso Papy. Una vez, estando en su casa, llegó un criollo con una yegüita maltrecha, embichada detrás de la verija. La herida no era muy grande pero los gusanos ya se hacían un festín. El hombre le preguntó al Ruso si era cierto que curaba de palabra. “Atelá bajo el algarrobo” le dijo sin mayores precisiones. “¿Tardará mucho Don Ruso?” “Habrá que ver”, contestó. “¿Qué le parece si compro unos churrascos y unos vinos mientras esperamos?”. “Me parece”, asintió. Y después que el paisano encaminó sus pasos hacia la carnicería del pueblo, el Ruso entró al galponcito donde tenía la fragua, tomó un cura bichero en aerosol y roció la herida del animal. A la hora llegó el hombre, comimos el asado y tomamos unos vinos. Al atardecer, cuando el criollo fue a buscar la yegüita, sus ojos no podían expresar mayor asombro: montoncitos de gusanos muertos se apilaban sobre el guano, bajo de las patas del animal. “¡Que lo parió! Es de no creer” dijo; y luego de dar muestras de admiración y respeto por el manosanta, al trotecito lento volvió a su rancho.
Hacía tiempo que este hidalgo de Unquillo, este señor de la amistad, tomaba a sorbitos su Fernet servido en una pequeña copa de vidrio, tan pequeña como su esperanza.
Desde la mesa del bar, a un costado de la Municipalidad, el Payo observaba la larga avenida en espera del ómnibus que lo llevaría a Cabana.
-Ya no tengo con quién conversar -le confió a su amigo -Se acabó la elegancia, el buen decir. Todos hablan de plata, dicen palabrotas, andan con el celular en la mano develando intimidades en público sin importarles nada del prójimo… -¿Vas a tomar algo? -preguntó con ojitos vivarachos buscando conversación.
-Un cortado -contestó Ricardo Mirolo.
-Me ocurre una cosa curiosa. Tengo más de ochenta años y para mí el tiempo es valioso. No lo quiero perder con cualquiera -sentenció, haciéndole un homenaje a su amigo el pintor. Y continuó: -El otro día hice una lista de las personas con las que me interesa encontrarme cuando bajo al pueblo y me dio trabajo completar la docena. Antes, era distinto… Al que extraño mucho es al Ruso Papy. Una vez, estando en su casa, llegó un criollo con una yegüita maltrecha, embichada detrás de la verija. La herida no era muy grande pero los gusanos ya se hacían un festín. El hombre le preguntó al Ruso si era cierto que curaba de palabra. “Atelá bajo el algarrobo” le dijo sin mayores precisiones. “¿Tardará mucho Don Ruso?” “Habrá que ver”, contestó. “¿Qué le parece si compro unos churrascos y unos vinos mientras esperamos?”. “Me parece”, asintió. Y después que el paisano encaminó sus pasos hacia la carnicería del pueblo, el Ruso entró al galponcito donde tenía la fragua, tomó un cura bichero en aerosol y roció la herida del animal. A la hora llegó el hombre, comimos el asado y tomamos unos vinos. Al atardecer, cuando el criollo fue a buscar la yegüita, sus ojos no podían expresar mayor asombro: montoncitos de gusanos muertos se apilaban sobre el guano, bajo de las patas del animal. “¡Que lo parió! Es de no creer” dijo; y luego de dar muestras de admiración y respeto por el manosanta, al trotecito lento volvió a su rancho.
MI BRAZO FANTASMA

Desde que perdí el brazo izquierdo en un accidente de moto su presencia es más real. Resentido con el mundo por su nueva condición de fantasma, mi brazo se ha vuelto retorcido y caprichoso: exige tocar la guitarra dos horas al día, hacerse un tatuaje de un Cristo yaciente y golpear al guardia que nos multó; me amenaza con un dolor intenso si no secuestro a la vecina del quinto que tanto nos gusta.
Texto by Óscar Sipán
IMAGEN BY http://www.hombrearrugado.com/
Texto by Óscar Sipán
IMAGEN BY http://www.hombrearrugado.com/
viernes 19 de junio de 2009
CUENTOS PARA HAMBRIENTOS

HOY, VIERNES 19
Los narradores de la Fundación Centro de Poesía José Hierro
os invitan a la presentación del libro
20:00h
Teatro Auditorio Federico Garcia Lorca
Teatro Auditorio Federico Garcia Lorca
C/ Ramón Y Cajal Nº22
28902 Getafe
martes 16 de junio de 2009
EL GRAJO

Nadie lo diría, y es que la gente es ciega en el infierno. ¿Cómo si no el perpetuo caminar en círculos? Pero yo vi muy bien al ángel de la perversión. Debía llevar mi primera ronda del centenar de vueltas cuando me dijo muy claramente ¿quieres volver a verla? No pude negarme. Era tanto el deseo y se hacía tan larga la espera...
Para qué decir que las opciones eran grotescas como ser rata, cucaracha, araña o simplemente las mondas de una patata o una piedra áspera. La menos perniciosa era adoptar la forma del grajo. Se me hacía la boca agua al pensar que volvería a verla después de muerto. Ella que siempre ha sentido devoción por las aves. Me acogería entre sus sabrosos muslos y acariciaría mi plumaje. Yo me despertaría por dentro arrebujándome entre su carne. ¡Qué delicia!
El precio... bajar un par de niveles en el infierno.
Volé algo torpe a través del cielo atardecido. Qué azul era el azul. Qué puro se veía todo después de pernoctar en el infierno. A lo lejos divisé su ventana. Estaba abierta de par en par. Volé renacido y espoleado por mi deseo. Ella canturreaba coplas mientras barría el suelo de la casa. Me apoyé en la barandilla y retuve ese olor a lilas que desprendían sus pechos. Me armé de valor y le dije graj graj graj. Estaba preciosa, exuberante, tremendamente bella y me alegré cuando vi que no estaba vestida de luto. Pero algo insólito sucedió entonces. Ella se giró de golpe y al verme zarandeó la escoba para echarme de la barandilla. ¡Pajarraco! me gritaba con los ojos locos. ¡A mi que tanto la he amado! Pude meterme en la casa para evitar los golpes, pero ella continuaba con sus aspavientos mortales. Yo le intentaba explicar pero sólo se oía el graj graj extranjero saliendo de aquel pequeño cuerpo que me representaba. La escoba iba y venía con furia. En varias ocasiones me golpeó y me dejó aturdido. Yo batía mis alas frenéticamente y tuve que agarrarme con el pico en los visillos que vestían la ventana, pero ella no cejaba en su empeño de expulsarme de su vida.
Descolgó los visillos y los sacudió a la calle.
C
__a
____í como caen las piedras a un jardín, sin apenas hacer ruido. Triste y malherido volví a mi oscuro hogar, un par de plantas más abajo y comencé una nueva ronda de perpetuos círculos ciegos.
Esther Rodríguez Cabrales
imagen extraída de http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/colombine2/grajo.jpg
viernes 12 de junio de 2009
sábado 6 de junio de 2009
LOS CUENTOS DEL DR. TIRITAS (proyecto)

Saludos cuentistas!
Os invitamos a un proyecto que pretende acercar el cuento a los más ávidos lectores: los niños.
Este proyecto se inició en colaboración con la Casa de Juventud de Granada, y pretende llevar a las salas de espera de nuestros hospitales cuentos que alegren el ánimo transformando las grises paredes en bosques mágicos y el olor a desinfectante en el más delicioso de los aromas de la cocina de las hadas... pero no sólo eso, sino que también pretendemos colarnos en las habitaciones de niños (de todas las edades) y llenar sus horas de color y fantasía, gracias a la lectura de estos cuentos por los "doctores de la risa" que recorren los fríos pasillos de los hospitales infantiles.
Si queréis apuntaros, podéis echarle un vistazo en nuestra web: http://delendaestcarthago.com/proyectos.html
Os invitamos a un proyecto que pretende acercar el cuento a los más ávidos lectores: los niños.
Este proyecto se inició en colaboración con la Casa de Juventud de Granada, y pretende llevar a las salas de espera de nuestros hospitales cuentos que alegren el ánimo transformando las grises paredes en bosques mágicos y el olor a desinfectante en el más delicioso de los aromas de la cocina de las hadas... pero no sólo eso, sino que también pretendemos colarnos en las habitaciones de niños (de todas las edades) y llenar sus horas de color y fantasía, gracias a la lectura de estos cuentos por los "doctores de la risa" que recorren los fríos pasillos de los hospitales infantiles.
Si queréis apuntaros, podéis echarle un vistazo en nuestra web: http://delendaestcarthago.com/proyectos.html
También podéis encontrar la convocatoria en facebook: http://www.facebook.com/event.php?eid=79337156804&ref=share
¡Os esperamos!
miércoles 3 de junio de 2009
OS ESPERAMOS V
Este sábado 6 a partir de las 17:00h y hasta que el cuerpo aguante mother & daughter o lo que es lo mismo: es hora de embriagarse (con poesía) & al otro lado del espejo y por extensión José Naveiras & Gsús Bonilla estarán en la Casa del barrio de carabanchel en la 1ª edición de la PEQUEÑA FERIA de PUBLICACIONES en la que participan distintas editoriales, distribuidoras, colectivos, asociaciones y talleres que por su funcionamiento, procesos de trabajo, mensaje y gestión, tienen una mirada diferente al tratamiento de las publicaciones. Ya sea material Experimental (poesía-gráfica-fanzines), socio-político, artístico (libros objetos-autoediciones).
Donde se pretende abrir puertas y espacios a una exposición y distribución alternativa de material e ideas. Esta “Pequeña feria” será punto de encuentro entre editores/artistas/público.
Todo ello organizado por:
Donde se pretende abrir puertas y espacios a una exposición y distribución alternativa de material e ideas. Esta “Pequeña feria” será punto de encuentro entre editores/artistas/público.
Todo ello organizado por:
Coordinación General
Rodrigo Córdoba
Dirección Gráfica
Virginia Jiménez Calvente
Dirección Técnica
Daniel Guiscafre
Coolaboradores
Borja Morales(runner)
Lukas luis Rodriguez(runner)
Telémaco(fotografía)
Casa del Barrio
Txus, Mar, Sergio
Luci & Monik(distribución de actividades)
Rodrigo Córdoba
Dirección Gráfica
Virginia Jiménez Calvente
Dirección Técnica
Daniel Guiscafre
Coolaboradores
Borja Morales(runner)
Lukas luis Rodriguez(runner)
Telémaco(fotografía)
Casa del Barrio
Txus, Mar, Sergio
Luci & Monik(distribución de actividades)
A los que desde aquí apoyamos y alentamos con todas nuestras ganas y fuerzas además de agradecerles la invitación a este evento cuanto menos interesante, muy interesante diríamos.


Así que, ya saben, si este sábado no tienen mejor que hacer los esperamos e invitamos a la gran variedad de actividades propuestas para esa tarde en la que en el enlace arriba indicado dan su correspondiente información. Además de poder hacerse con algún ejemplar de nuestras revistas y las diferentes alternativas allí expuestas, también es momento idóneo para ponernos las caras e intercambiar opiniones a la sombra de una cervecilla. Os esperamos
AVD.CARABANCHEL ALTO Nº64
-M-Carabanchel Alto
Sábado 6 Junio 2009
de 17:00h a 24:00h

http://www.casadelbarriocarabanchel.es/
lunes 1 de junio de 2009
DESCANSO
Nunca termino de acostumbrarme al sonido agudo del monitor que anuncia que la vida acabó. La línea delgada y horizontal revela un corazón plano después de cuarenta minutos de reanimación cardiopulmonar. Entonces comienza la retirada, se aparta el electrodo y el pitido se apaga. Se deshecha el tubo endotraqueal y la vena se coagula; la sangre ya es negra. Dentro del cuerpo todo es silencio: las células han dejado de regenerarse, las neuronas ya no transmiten, los riñones se necrosan, el hígado se hincha, la médula queda atrapada en el túnel protector... y la descomposición empieza a trabajar en una carrera loca y despiadada.
Hace unos minutos hablaba conmigo. Ahora no es nada, sólo un cuerpo cianótico, rígido, semi desnudo, de ojos vidriosos; nadie sabrá nunca lo que retienen sus pupilas.
La familia aparece, aturdida, ausente, no sabe qué hacer, dónde sentarse, hacia donde mirar; sólo espera. Primero el informe médico y algunos detalles de lo sucedido. Después la coordinación del equipo de trasplante, en este caso no es necesario: la causa de la muerte y los antecedentes del paciente invalidan los futuros órganos a donar. Ahora es el turno de la funeraria, ofrece sus mejores servicios: coche para el traslado, salas refrigeradas donde reposar las lágrimas con servicio de cafetería, ramos y coronas con bandas de raso. Todo cambia, para todos, en el curso de dos horas.
Mi turno termina. Me dirijo a los vestuarios con el pitido reventándome los tímpanos y el color morado instalado en mis ojos. Salgo a la calle, la primavera nos regala sus primeros abrazos de calor. Vuelvo a casa con una promesa de descanso. Al salir del parking un coche fúnebre me cede el paso. Arranco mientras conecto la radio.
Texto y fotografía: María Jesús Silva
Hace unos minutos hablaba conmigo. Ahora no es nada, sólo un cuerpo cianótico, rígido, semi desnudo, de ojos vidriosos; nadie sabrá nunca lo que retienen sus pupilas.
La familia aparece, aturdida, ausente, no sabe qué hacer, dónde sentarse, hacia donde mirar; sólo espera. Primero el informe médico y algunos detalles de lo sucedido. Después la coordinación del equipo de trasplante, en este caso no es necesario: la causa de la muerte y los antecedentes del paciente invalidan los futuros órganos a donar. Ahora es el turno de la funeraria, ofrece sus mejores servicios: coche para el traslado, salas refrigeradas donde reposar las lágrimas con servicio de cafetería, ramos y coronas con bandas de raso. Todo cambia, para todos, en el curso de dos horas.
Mi turno termina. Me dirijo a los vestuarios con el pitido reventándome los tímpanos y el color morado instalado en mis ojos. Salgo a la calle, la primavera nos regala sus primeros abrazos de calor. Vuelvo a casa con una promesa de descanso. Al salir del parking un coche fúnebre me cede el paso. Arranco mientras conecto la radio.
Texto y fotografía: María Jesús Silva
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


