martes 29 de noviembre de 2011

Sombras - Eva Medina Moreno

Camino. De noche. En una calle, frente a mí, dos sombras. La oscura, alta, arrogante; la clara, débil. Y yo, más sombra que ellas, detrás. Entonces pienso que deberían de salir muchas sombras para abarcar todo lo que somos.

Me imagino que algunas de ellas van mudando como lo hacen las serpientes con su piel. Veo que la sombra de la inocencia cambia de color, de un violeta claro a uno más oscuro, con matices, con sombras dentro de sombras. La de la inquietud, sonrojada. La del dolor se endurece; opaca, con menos aberturas. La sombra del deseo, encogida, muda, añeja. Pero hay momentos en que besa sin saber qué pasará, se embrutece como antes, se aferra a un vínculo; soplo de vida, aliento.

Eva Medina Moreno

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lunes 28 de noviembre de 2011

El tamaño sí que importa - Esta semana, Yanet Acosta

Los ojos negros VI - Pedro Antonio de Alarcón





Dos meses después, el 22 de Febrero, la jarlesa Fœdora de Kimi dio a luz un niño.

El niño tenía los ojos negros.

Magno, con ser tan feroz, no se atrevió a matar a una mujer moribunda, ni a arrebatarle el hijo que estrechaba convulsivamente entre sus brazos:

-Os mataré después... -dijo a la madre-. Os mataré a los dos cuando estés buena. ¡Es la última prueba de amor que puedo darte!


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sábado 26 de noviembre de 2011

AOLDE especial sobre "El fin del mundo"

No fue el Vesubio ni el año 1000, los cometas Halley y Hale-Bopp tampoco, el año 2000 pasó, los planetas se alinearon y aquí seguimos. El 2012 se acerca... ¿será esta vez cuando se acabe el mundo?

De momento, la bovéda del Ártico se llena de semillas y nosotros nos preguntamos: ¿qué puede hacer AOLDE para preservar algo tras la catástrofe?
Y lo tenemos claro: vamos a llenar de relatos e ilustraciones un número especial dedicado, precisamente, al fin del mundo.

 El Apocalípsis, ilustrado por Basil Wolverton en 1956.

Si quieres participar con tu relato o ilustración, envíanoslo antes del 15 de enero de 2012 a:
revista.alotroladodelespejo@gmail.com con el asunto "Para el especial Fin del Mundo".

La extensión máxima para los relatos será de dos A4, en formato word, con letra Times New Roman o Arial de cuerpo 12.

Las ilustraciones, en formato jpg, las podéis hacer utilizando cualquier técnica. Enviadnos una imagen en alta calidad (300 ppp) en un tamaño de 25 x 22 cm para la versión impresa y otra en baja calidad (72 ppp) del mismo tamaño para la versión online.

Recordad que tanto los textos como las ilustraciones deben ser originales vuestros.

Si el mundo no se acaba antes, el próximo año tendremos nuestra propia versión del fin de los tiempos.

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viernes 25 de noviembre de 2011

El fin del mundo según Marian Alefes Silva (Presentado al II Certamen AOLDE de microrrelatos en FB)

Salió al balcón, se sentó en el borde y encendió un cigarrillo. Se quedó contemplando el lugar, viendo a la gente ir y venir. El cielo estaba turbio, no se veían más que nubes grisáceas… No tuvo tiempo de gemir. Una bocanada de humo le salió por la boca, y luego, una nube grisácea se le vino encima, metiéndosele en cada orificio. Después vino la lluvia, que gradualmente fue licuando los cuerpos inmóviles. Poco a poco el agua se fue tomando el lugar, hasta fundirse con el cielo.


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jueves 24 de noviembre de 2011

Mirar se - Gabriel Martínez Ruibal

Demasiado tarde. Había vuelto a meter la pata hasta el fondo, y lo supo nada más comenzar la pregunta. Como cuando tropiezas con tu propio pie y caes lentamente sin remedio: no hay vuelta atrás, estás en el suelo y sólo piensas en qué coño tendrías en la cabeza para poner tu pie encima del otro. Absurdo, sí, pero ocurre.

–Espero que estés de cachondeo –exclamó la joven apenas escucharle.
–Sí, me hacía el despistado.
–Ya, por los cojones…
–Son violetas.

Sin decir nada, dejó descansar el cigarrillo en el cenicero y abrochándose el penúltimo botón del pijama fue al cuarto de baño para mirar a la chica del espejo; la de los ojos violetas.




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martes 22 de noviembre de 2011

Amor de hija - Paloma Hidalgo

—No me recuerdas ¿verdad? Exclamo con un deje metálico en la voz. Es lógico, han pasado muchos años y yo era muy pequeña entonces. Lejos de asustarse, la piltrafa que tengo ante mí me dice que no le doy miedo, que los fantasmas no existen.

—Tú mejor que nadie sabes que estoy muerta, tú reconociste los anillos de mi cadáver; tú y tus celos tirasteis la colilla que prendió la cama donde dormía en brazos de mi padre tras vivir una horrible pesadilla.

Unas gotas de sudor apenas perceptibles recubren su frente al verme bajar la cremallera de mi cazadora blanca. No le hago reproches, tan sólo bato con fuerza mis alas para enviarla donde se merece por librarme de esa forma de los abusos de mi padre.

Paloma Hidalgo
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lunes 21 de noviembre de 2011

El tamaño sí que importa - Esta semana, José Ángel Barrueco


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Los ojos negros V - Pedro Antonio de Alarcón





Han transcurrido cuatro meses.

Magno de Kimi está en su cámara.

Vedlo sentado, con los codos apoyados en una mesa, con la frente caída sobre las calenturientas manos, y fijos los ojos en objetos que parece querer grabar en lo más recóndito de su alma, según la fuerza de atención con que los mira.

Aquellos objetos son una carta y un retrato.

Representa el retrato a un hermosísimo joven vestido con el lujoso traje español del reinado de Felipe V. Sus cabellos, negros como el ébano, sombrean un bello rostro moreno y descolorido; sus ojos, más negros aún, brillan como azabache entre las obscuras y largas pestañas. Una sedosa línea de bozo cubre su labio superior, graciosamente dibujado bajo clásica nariz caucasiana.

En cuanto a la carta, decía así:

«Al jarl Magno de Kimi, su siervo Estanislao.

»Señor: ¡Venid! ¡Venid a Cristianía! ¡Habéis perdido su amor!... ¡Salvad la honra! La jarlesa Fœdora os es infiel. Hay en esta corte, desde pocos días después de vuestra marcha un joven extranjero, embajador y marino, bello como el Ángel de las tinieblas, el cual os ha robado el corazón de vuestra esposa. Miradas y suspiros, palabras y sonrisas, todo revela la criminal pasión de los dos traidores. Yo he sido arrojado de la casa como un perro, pero como un perro fiel a su señor. ¡Venid os digo!...

»El asesino de vuestra dicha es español. -Tiene los ojos negros como la noche, y negra la cabellera como las alas del cuervo que cae sobre los cadáveres. -Es noble y poderoso, y se llama D. Alfonso de Haro. -Venid, y contad con el brazo de vuestro siervo,

»ESTANISLAO.»

Mucho tiempo permaneció Magno de Kimi contemplando aquel retrato y aquella carta.

Levantóse al fin, miró un reloj que señalaba las doce, y dijo:

-Han pasado veinticuatro horas de noche, y empieza otro día de tinieblas... Estamos a 22 de Diciembre. Dentro de sesenta días nacerá el acusador de Fœdora. Su mirada de luto, su primera mirada, dará la señal de la muerte de la esposa infiel, que ya no podrá negarme la consumación de mi deshonra. ¡No dirá entonces, como cuando hallé aquí, entre sus alhajas, el retrato del infame español, «que don Alfonso de Haro sólo había sido su amigo»! Llegará luego el 20 de Abril; se deshelará el Océano; me daré a la vela en el Thor; buscaré al través de todos los mares del Universo al asesino de mi ventura... y morirá. ¡Morirá, aunque sea Lucifer en persona!


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sábado 19 de noviembre de 2011

La gatita y la chacal - Anónimo Indio


Había una vez una chacal y una gatita. Vivian en el mismo árbol, la chacal al pie y la gatita en la copa. Ninguna tenía hijos. Un día la gatita le dijo a la chacal, “Vayamos y adoremos a Dios, y ayunemos, y él nos dará hijos”. La chachal dijo “Muy bien”. Aquel día, la gatita no comió nada, tampoco por la noche; pero la chacal, por la noche, trajo un animal muerto y se puso a comerlo tranquilamente al pie del árbol. Allí al lado, la gatita escuchó como masticaba los huesos en lugar de estar ayunando. “¿Qué tienes ahí,” preguntó la gatita “que haces tanto ruido?”. “Nada,” dijo la chacal “sólo son mis propios huesos que crujen dentro de mi cada vez que me muevo”. La gatita volvió a dormirse y no supo más de la chacal. A la mañana siguiente la gatita comió algo en nombre de Dios. Aquella noche, de nuevo, la chacal trajo un animal muerto. La gatita la llamó: “¿Qué estás masticando? ¿Por qué haces tanto ruido? Estoy segura de que tienes algo de comer”. La chacal dijo “¡Oh, no! Sólo son mis propios huesos crujiendo en mi cuerpo”. Así que la gatita se fue de nuevo a dormir.

Algún tiempo después la gatita tuvo siete hijitos – realmente pequeños – pero la chacal no tuvo ninguno, puesto que no había ayunado. Un año después, la gatita volvió a adorar a Dios y le pidió que cuidase de sus hijos.

Un día – era su gran día – la gatita preparó siete platos. En uno puso nueces de cacao, en otro pepinos, en el tercero arroz, en el cuarto plátanos y así hasta siete. Entonces le dio un plato a cada uno de sus hijos y les dijo que los llevasen a su tia la chacal. Ellos cogieron los siete platos y se los llevaron a su tía, gritando “¡Tiita, tiita, mira aquí! Mamá te envía estas cosas”. La chacal cogió los platos y les cortó la cabeza a los siete gatitos, les cortó las manos, los pies, las narices, las orejas y les sacó los ojos. Entonces puso las cabezas en un plato, los ojos en otro, las narices en el tercero, las orejas en el cuarto, las manos en el quinto, los pies en el sexto y los cuerpos en el séptimo y tapó todos los platos. Cogió los platos y se los llevó a la gatita y le dijo “¡Mira! Te traigo algo de vuelta. Me enviaste un regalo y yo te traigo otro”. La gatita pensó que la chacal había matado a sus siete hijos y gritó “Oh, ahora está demasiado oscuro para ver lo que me has traído. Deja los platos bajo el árbol”. La chacal dejó los platos y volvió a su casa. Entonces Dios revivió a los gatitos que fueron corriendo junto a su madre. Y en lugar de cabezas y ojos y narices y orejas y manos y pies y troncos, en los platos volvía a haber nueces de cacao y pepinos y plátanos y arroz y demás cosas.

La chacal volvió a coger a los pequeños y esta vez los mató, los cocinó y se los comió; y de nuevo Dios los devolvió a la vida. La chacal estaba muy sorprendida de ver a los gatitos vivos y se enfadó y le dijo a la gatita “Cogeré a tus siete hijos y los tiraré al agua y se ahogarán”. “Muy bien,” dijo la gatita “cógelos. No me importa. Dios cuidará de ellos”. La chacal los cogió y los tiró al agua y los dejó morir, mientras la gatita miraba sin derramar una lágrima. Y de nuevo Dios los hizo revivir y la chacal estaba muy sorprendida. “¿Por qué?” preguntó “He puesto a esos niños en el agua, les he dejado ahogarse. ¡Y ahora están vivos!” Entonces Dios se enfadó con la chacal y le dijo “Vete de este pueblo. Allá donde vayas, los hombres intentarán matarte y siempre tendrás que temerle”. Así que la chacal se marchó y la gatita y sus hijos vivieron felices para siempre.



Éste relato, procedente de la tradición oral, fue recogido en Calcuta por Maive Stokes hacia 1879. Fue publicado por primera vez, junto a otra treintena de relatos recopilados y traducidos al inglés por la misma autora, en 1880 bajo el título "Indian fairy tales".

Traducción: Mayte Sánchez Sempere

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jueves 17 de noviembre de 2011

Cataclismo - Xavier Blanco Luque (Finalista del II Certamen AOLDE de micrirrelatos en FB)

Las gotas de sudor se precipitaban por su frente. Su cuerpo se inflamaba. El sol de mediodía eclipsaba el horizonte. Una polvareda negra, espesa y sofocante les hostigaba, garabateando en el cielo una caprichosa guadaña. Habían perdido el rumbo, demasiados días viajando sin norte, demasiadas noches sin estrellas. Miró a su alrededor, un mar de arena infinito los sitiaba. No quitaba ojo a sus hermanos, los pequeños deliraban. Quizás el olor pútrido y alcanforado, que impregnaba sus células olfativas, no les permitía respirar. El aire era espeso, denso. La muerte les perseguía sigilosa. Presentía sus pasos, cada vez más cercanos, medrando en la mudez del silencio. El cielo se oscureció. El rugir del viento penetró en sus oídos, como si una hecatombe hubiera partido en dos la bóveda celeste. Las lágrimas humedecieron su rostro. Los pequeños sollozaban. Hedía a tragedia. Presentía el final. Alzó la vista esperando alguna señal, una bandada de unicornios alados surcó el cielo.

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martes 15 de noviembre de 2011

Soliloquio - Noelia Palma

De repente esa voz, como gota de agua, cayéndose animal por mi costado. Es un jardín milagroso, un soplo que dios fundió para apagarme.Yo fui la voz que rebotó contra mí para no encontrar lo que buscaba. Nunca antes enloquecí, sin al menos inyectarme uno o dos poemas que me dieran el peso exacto de la huída. Y de nuevo todas las piedras absorbiendo a la mujer izquierda, porque de nuevo soy yo, amando una habitación vacía, llena de nombres que pronuncié con la voz que se dispara dentro del cuerpo, atravesando el mármol misericordioso de saberme lejos de mí. Tan lejos que puedo tocarme, y tan cerca que no puedo verme. Así, con el movimiento geométrico que ayer fue el ritual de ponerme de rodillas.Era esa voz la que no tuve para dudar un sueño superpuesto y heredado desde mis ancestros. Ancestros que me di cuando viajé por mi sangre. Y me incrusté el cuerpo en la roca, le di la figura al viento, le di el nombre blanco que todo lo llora.

Estás loca, te das la transfusión de muerte que faltaba para creerte viva. Sos la traidora en los ojos de una vieja absorbiendo, desde la ventana, un pájaro atado como barrilete, sos la leprosa que se duele de dios y su universo huesificado y errante. La mente de todos los suburbios te está maniobrando; y el silencio es la teoría más acertada del santo sudario que nunca tuviste pero te merecías.

Te sos naciendo por sobre las cosas que se llueven. Te estirás para darte la mano y no sabés, estirás la otra pero hacés un nudo con tus venas. Sí, las que eran el puente para ser eterna. Ahora, sos la mujer inédita que nunca se publicó porque antes te diste el aborto de todos los días.


Apagar la lámpara, porque la luz puede salvarte.


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lunes 14 de noviembre de 2011

Los ojos negros IV - Pedro Antonio de Alarcón




Habían pasado otras quince noches.

Magno de Kimi pidió su arpa escandinava y cantó el siguiente romance a su aterrada esposa:

De rodillas en la tumba,
en la tumba de mi padre,
amor eterno
tú me juraste...
Si al juramento un día
faltas, cobarde...,
te lo ruego, amor mío,
¡no pases por la tumba de mi padre!

La voz de Magno retumbó como un trueno en las concavidades del castillo al repetir el último verso de su canción.

Volvióse luego el Conde a la angustiada jarlesa, y le preguntó sonriendo amargamente:

-¿Qué hacéis, Fœdora?

-¡Rezo por el alma de vuestro padre! -contestó ella, cerrando los ojos para no ver la sonrisa de su marido.

Magno pulsó de nuevo el arpa y prosiguió su romance:

Luz de los cielos,
flor de los valles,
aquí nacerán mis hijos,
aquí murieron mis padres.
Si, por tu desdicha,
mis hijos no nacen;
si es tu seno la tumba de mis hijos,
¡no pases por la tumba de mi padre!

El rosario de ámbar se desprendió de las manos de Fœdora y fue a caer sobre las brasas del hogar.

Allí se desgranaron sus cuentas, que al poco rato eran otras tantas ascuas.

Un delicioso aroma inundó la habitación.

-¿Cómo os sentís, señora? -preguntó el jarl, como si no hubiera visto nada.

-¡Bien, Magno! -respondió ella, que tampoco parecía haber reparado en aquel accidente de tan mal agüero.

-¿Tenéis todavíaduda acerca de vuestro estado?

-No, señor...

-¡Vais a ser madre!... ¡Oh ventura! ¡Ved cumplidos mis votos de tres años!

-¡Sí!... -murmuró mansamente la joven.

-¡Sí! -repitió el esposo con voz terrible-. Pero no olvides el otro cantar escandinavo...

Y, riéndose con satánica furia, cantó de este modo:

Cruza los montes
un extranjero,
negros los ojos,
negro el cabello...
¡Todos sus hijos
tendrán de cierto
negros los bucles,
los ojos negros!

- ¡Ah! ¡Callad!... -murmuró Fœdora arrodillándose.

-¿Conocisteis a vuestros abuelos? -exclamó Magno, levantando a su esposa con un rugido de fiera.

-¡Ah! Señor... -respondió la pobre mujer estrechando sus manos-. ¡Matadme de un solo golpe! ¡No prolonguéis mi agonía!

-¿De qué color tenían los ojos? ¡Responded!

-Ya lo sabéis... Los tenían azules...

-Y a mis abuelos, ¿los conocisteis?

-No, señor...

-¡Vais a conocerlos! -replicó el joven, cogiendo a su esposa de un brazo y arrastrándola hacia la galería próxima.

Había en ella una larga hilera de retratos alumbrados por lámparas colocadas de trecho en trecho. Los señores de Kimi parecían vivos dentro de los marcos que los encerraban...

-¡Éstos son mis antepasados! -exclamó el jarl-. ¡Vedlos, señora! ¡Todos tienen los ojos azules, como vos y como yo, como nuestros padres y abuelos, como todos los escandinavos! ¡Comprenderéis, en consecuencia, que nuestro hijo ha de tener también los ojos azules! ¡Ay de vos si los tiene negros como el español D. Alfonso de Haro!

Dijo, y se alejó riendo convulsivamente, mientras que la joven caía de rodillas sin voz ni aliento.

Así permaneció largas horas; y cuando ya todo era silencio en el castillo y las lámparas expiraban consumidas y la hoguera del próximo salón se apagaba también, levantóse quebrantada y moribunda, y tomó el camino de su aposento.

-Hijo mío... -murmuró allí con voz honda y sepulcral, apoyando ambas manos sobre su corazón, como si las pusiese sobre el del hijo que llevaba en su seno:-hijo mío, ¿por qué quieres ser el verdugo de tu madre?

Y echó una mirada sobre sí, y huyó con horror hacia otro lado de la estancia, tapándose el rostro con las manos.

Era la estatua del remordimiento maldiciéndose a sí misma.



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sábado 12 de noviembre de 2011

Chica Metáfora gana el II Certamen AOLDE de microrrelatos en Facebook

Ayer, 11 del 11 del 2011, no se acabó el mundo, ni siquiera se puso más patas arriba de lo habitual. Pero sí hubo un acontecimiento importante: anunciamos el ganador del II Certamen AOLDE de microrrelatos en Facebook. La ganadora ha sido Chica Metáfora y el relato, Sin más... es éste que ahora os acercamos. Enhorabuena a la ganadora y gracias a todos los participantes.


Sin más...

Un escalón, cien escaleras, una cuesta, laberinto de “sies” y “noes”. Manos que se agrietan y espaldas cansadas, sudor que se convierte en esencia en el descansar de la noche oscura. Siete días de una semana simplificados a cinco de trabajo, consumidos al máximo para llegar a disfrutar con delicadeza de la nimiez del fin de semana. Montados en el Planeta mientras se destruye y lo autodestruimos a patadas con los derechos y deberes de nosotros mismos. Pasa, paso, y reposamos. Todo con cheque en blanco, pensando que nada es efímero en el infinito de la edad del mundo. Los titulares hacen poso en las hemerotecas y cerramos el ordenador a las doce; ya sábado. ¿Qué pasará mañana? Pospongo la vida hasta el lunes, no creo que nada cambie, ni de modo, ni de forma, ni de sitio. Repetimos hasta morir.

En la cama, despertar matutino de domingo, en mi egoísmo de humana resentida, donde me huele a dos tostadas y a zumo de naranja recién exprimido, donde el café nos silba desde la cocina y mientras las sábanas abrigan la desnudez, no veo otro fin del mundo que no sea el día que este momento no lo pases conmigo.

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miércoles 9 de noviembre de 2011

La última piedra - Ángel Muñoz "Voltios"

Lo corrió a pedradas calle abajo. No era un argumento de peso para achantarse el que aquel hombre le triplicase la edad. Sí era un obstáculo tener las piernas tan cortas para alcanzarlo y propinarle su merecido. La última piedra le acertó en plena coronilla. Las manos en la cabeza, gemidos, la sangre brotando, la sonrisa triunfal dibujada.

Su hermana podía estar tranquila. Nadie volvería a abofetearla de un modo tan brutal por querer obligar un beso.

Olía a estofado. Las tripas se quejaron. Comería y satisfecho narraría la hazaña a todos. Oyó conversación en la salita. Su madre y un desconocido. Cayó en la cuenta. Lo peor no iba a ser quedarse sin estofado. 

Esconderse tampoco.

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lunes 7 de noviembre de 2011

Los ojos negros III - Pedro Antonio de Alarcón



 
Tres años contaban de matrimonio Fœdora y el jarl de Kimi, y era aquél el primer invierno que pasaban en el castillo de Loppen.

Íbanse antes a Cristianía, donde la vida de los nobles era una fiesta continua durante los grandes fríos; pero el año que acontece esta historia, y después de haber viajado por toda la costa de Noruega en los hermosos días de Junio y Julio, Magno decidió sepultarse con su esposa en el alcázar de piedra y hielo que hemos descrito, en donde, solos, taciturnos, sentados el uno enfrente del otro, llevaban quince días de reclusión, y de donde no podrían salir ya en ocho meses a causa de haberse helado las primeras nieves sobre las puertas del castillo.





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domingo 6 de noviembre de 2011

Presentación del número 4 de la revista en Tres Rosas Amarillas, el jueves 10 de noviembre de 2011 a las 20 horas





El próximo jueves 10 de noviembre de 2011 a las 20:00 horas se presentará el número 4 de la revista de relatos "Al Otro Lado del Espejo" en la librería "Tres Rosas Amarillas" (C/San Vicente Ferrer, 34, Metro Tribunal, Madrid).
Acudirán los autores publicados en este número para proceder a la lectura de su trabajo.

En este número 4 se han publicado textos de:
- Franz KAfka
- Ignacio Aldecoa
- Óscar Esquivias
- Felisa Moreno
- Julio Jurado
- Carlos Castán

y muchos más.

Además, podrás adquirir la magnífica antología que la editorial Escalera ha publicado y que lleva por título "Al otro lado del espejo, narrando contracorriente"

No faltes.

sábado 5 de noviembre de 2011

En la recta final

El segundo certamen AOLDE de relatos en Facebook está a punto de terminar. Tenéis hasta el día 9 de Noviembre para publicar en el muro del grupo vuestro micro sobre el fin del mundo. Doscientas palabras como límite, un tema de lo más inspirador... ¿qué hacéis ahí leyendo? Estamos esperando vuestro relato.

El 11 del 11 de 2011, si no ha pasado nada, conoceremos al ganador, que se decidirá contando los "Me gusta" de los micros presentados.

Animaos, el certamen y el mundo se acaban, escribid, votad, participad con nosotros en este momento tan importante de la historia... ¡llegan vuestros relatos sobre el fin del mundo!

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jueves 3 de noviembre de 2011

Sutiles, ingrávidos y gentiles… - Rosana Alonso

El Gran Faustroll se inclina una y otra y otra vez mientras el público aplaude. Con la sonrisa postiza nadie advierte que está llorando: los focos le hacen transpirar y se confunden las lágrimas con el reguero brillante que deja el sudor en su cara. Durante la hora justa que dura su espectáculo, ha creado mundos redondos, mundos cuadrados, mundos largos y estrechos como salchichas. Hasta ha introducido a una niña en una pompa gigante que apenas ha durado un respiro infantil, y sin embargo la pequeña ha creído ver personas diminutas corriendo de acá para allá…

Cuando todos se marchan, Faustroll recoge sus artilugios y al limpiar con la fregona los restos de agua que dejó la actuación en el suelo, pide disculpas a todos esos seres de cuya prematura extinción es culpable. Sabe que en algunos mundos apenas ha dado tiempo a que se desarrolle vida inteligente, pero en otros han surgido civilizaciones y quién sabe que extraños animales.

A menudo tiene pesadillas y otras veces, las menos, visita paisajes de ensueño que luego se desvanecen. Cada noche mira al público fijamente; siempre temeroso de que en cualquier momento desaparezca.


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