viernes, 14 de octubre de 2011

El afán de los ciclos - Germán Hernández

Para Santiago Porras



Cuando él extendió su reloj hacia la señorita al otro lado del mostrador, sintió un revoloteo en la boca del estómago, unas diminutas mandíbulas de ansiedad, ella se volvió hacia una mesita y destapó el pequeño laberinto que ya había consumido su batería.

- Es un buen reloj
- Gracias
- ¿Y hace cuanto lo tiene?
- Como cuatro años, me lo regaló mi… mamá.

En ese momento no sabía todavía por qué le había mentido sobre el aparato, ni para qué le daba esas explicaciones.

- ¡Listo! Tome. –

El tomó el reloj y se lo puso en su muñeca y le pagó. Quiso demorar un poco más mientras ajustaba la hora y la miraba de reojo, entonces ella le dijo:

- Es un buen reloj, ahora tiene batería para cuatro años más.

Y él lamentó muchísimo tener que esperar tanto tiempo para volver a verla.



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1 comentario:

Loli Pérez dijo...

Me gusta la timidez del personaje.
El relato en sí.

Enhorabuena.

L;)