jueves, 3 de septiembre de 2009

El hilo de la ficción


_____________A Tomás Sánchez Santiago, por el aliento inicial

El escritor terminó la jornada diaria que dedicaba a su novela y salió a la calle, a pelearse con la realidad. Tuvo que tratar, como siempre, con facturas que alimentaban su buzón y con la voracidad de algunas empresas; tuvo que hacer la compra en la tienda de la esquina y discutir con las señoras que iban a colarse o a luchar a lengua partida con el resto de los clientes que guardaban la vez; tuvo que abrir cartas en las que se rechazaba, de manera muy burocrática y demasiado neutral, su último manuscrito; tuvo que batallar con un par de editores con los que no lograba ponerse de acuerdo en la campaña de su penúltimo libro y en el modo de distribuir un manojillo de versos que pensaba difundir, respectivamente; tuvo que forcejear con la cerradura de su casa, forzada la noche anterior y sin éxito por unos ladronzuelos del tres al cuarto; tuvo que hacer la comida mientras alguien al teléfono le advertía que al periódico iban llegando cartas en secreto, la mayoría de las cuales criticaban el veneno de sus palabras; tuvo que boxear con una cañería rota y fregar los platos sucios. Envejecido y agotado, al final del día retomó el hilo de la ficción para contar esa realidad tremenda que padecía a diario y curarse de espantos como si el ordenador que estampaba sus palabras fuese un psicólogo. Se guareció en la ficción, no para comprender la realidad, sino para respirar aliviado con el calor emotivo de las palabras. Nadie ha conseguido sacarlo de ahí desde entonces.


TEXTO BY José Angel Barrueco
IMAGEN BY Marina Tapia

2 comentarios:

Malalua dijo...

Fantástico. Ésta sí es la profesión más bonita del mundo, la de escritor/a.

Un saludo.

Arruillo dijo...

El límite entre esa doble vida, a veces puede resultar dificil de separar, porque no sabemos donde se vive mejor, cada cual debe escoger la suya.
Sin duda estamos ante un texto de alguien que sabe lo que se trae entre manos.
Un saludo