miércoles, 28 de octubre de 2009

A propósito de la literatura en España

Leyendo los Diarios de John Cheever, vuelvo a consignar la diferencia en cómo se ganan la vida los escritores de Estados Unidos y cómo nos la ganamos los autores de España. Cheever publicaba sus relatos en las revistas. Todos los meses. Nosotros también lo hacemos: revistas digitales y de papel, fanzines, algunos suplementos. Pero ellos cobraban por su trabajo. A tanto el folio, supongo. Y así iban tirando. Nosotros no. En España esto es impensable. Aquí te dicen, como me dijeron en el periódico en el que colaboré durante casi una década: “Si quieres seguir colaborando, tendrá que ser de forma gratuita”. En este país no hay respeto por los autores. Esteban Gutiérrez Gómez reivindicó el cuento en un manifiesto. Que yo sepa, ningún periódico lo ha publicado. Queríamos que los relatos volvieran a la prensa. Que volvieran a ocupar su antiguo lugar de privilegio. En este país no parece importar el cuento, y aún menos el cuento español, y menos aún la poesía, y menos todavía la literatura española (salvo la aparejada a los best-sellers y a los premios). Días atrás, David González tomó la sabia decisión de cerrar su blog y abrir otra bitácora en la que los lectores tendrán que pagar una cuota al año, si quieren acceder a los contenidos. Lo hizo porque recibía cientos de e-mails alabando su poesía, pero las cifras cantan: de la reedición de su poemario El demonio te coma las orejas sólo vendió unos doscientos ejemplares. La pregunta lógica que se hace es: ¿dónde están todos esos que dicen ser seguidores de mi poesía? ¿Y por qué el escritor, el poeta, deben colaborar siempre gratis, dar lecturas y conferencias sin recibir un céntimo, dispersar sus trabajos sin obtener nada a cambio? Dile tú a un albañil, después de haberte hecho el chaperón, que no tienes dinero para pagarle. No me refiero con esto a quienes ponen en pie fanzines digitales o de grapa y en los que, al final, pierden dinero porque invierten cuanto tienen. A esos hay que ayudarles. Me refiero a quienes están ganando una pasta a nuestra costa merced a las subvenciones, o a los que llenan las páginas de los periódicos con textos que no pagan, mientras ellos cobran su sueldo mensual. En España, todo lo relacionado con la literatura ibérica acaba siendo un desastre para nuestros bolsillos. Todo dios alaba la literatura independiente, pero luego, como dice Sergio Gaspar, se compra el superventas de turno. En su perfil de Facebook, Jordi Costa colgó una frase reveladora: “Jordi Costa ya tiene más amigos en Facebook que lectores tuvo su último libro”. Pues eso.

Por José Ángel Barrueco
artículo publicado el 25/10/2009
en:
http://yalodijocasimiroparker.blogspot.com/



Ilustración de: Pablo Gallo



nota: el equipo de esta revista suscribe una a una las palabras expuestas por el autor de este artículo.



6 comentarios:

Begoña Leonardo dijo...

Soberbio artículo, con el que estoy plenamente de acuerdo y añadiría; que nadie deje de hacer o decir lo que le de la real gana, si algo somos es creadores, y para eso tenemos la palabra.

Un saludo.

Esther Rodríguez Cabrales dijo...

Y es que el cuento es el primo- hermano de la poesía, que llega a ser casi de autoconsumo... pero como los movimientos existen, creo que es importante no quedarse parados, y eso lo estamos haciendo bien, porque al final, lo que cuenta es la literatura, y el cuento en particular.

Luigi Dante dijo...

Lo que existe es una crisis de valores en general. Uno de esos valores es el del placer de la lectura. Internet, la red, los blogs son herramientas para el consumo rápido. El lector accede inmediatamente a lo que quiere y en uno o dos minutos pasa a lo siguiente... un post breve y conciso siempre será mejor que uno largo... pero otra cosa muy diferente es buscar el libro independiente, el autor que se admira en la red, fiarse de la propia elección, comprarlo y luego sentarse y ponerse a leer a fondo... demasiado, demasiado esfuerzo.
Bravo por el artículo de J.A. Barrueco.

Esther Rodríguez Cabrales dijo...

Ya no sólo eso, Luigi, porque de hecho, las estadísticas hablan de porcentajes altos de lectores, aunque, como apunta Barrueco, se trata más bien de best-sellers y grandes premios. Lo que creo que sucede ahora y que no sucedía antes, es internet. Hoy día existe un instrumento que nos permite estar y participar. De ahí que proliferen las bitácoras y las revistas digitales, porque lo digital, ahora, es lo que más se acerca a ese lector con prisas de hoy y nos ofrece la posibilidad de ser. Esa lejanía antigua, hacía que fueran muy pocos los letraheridos. Quedaba para unos cuantos, que además, mal vivían de lo que les pagaban por publicar. Hoy, existen editoriales pequeñas o revistas implicadas en la literatura, que nos abren un camino para expresarnos, pero que funcionan sin ayudas, se mueven y crecen por el entusiasmo.

Cierto es que, ese esfuerzo del que hablas, el de buscar al autor y explorarlo detenidamente, está ahí, claro, pero es minoritario aunque no inexistente.

Besos.

Abel dijo...

Un aplauso para ti, Barrueco, eso sí, sin "esgaes" de por medio, que al final, son los que se llevan la pasta, simplemente por registrarla y no el artista.
Los periodicos robán a los autores y la SGAE al resto del mundo. Cuanto cobra de un poema el artista, cuanto gana el musico o bailarín?

Salud

ADELFA MARTIN dijo...

No,ni en este...

Si no eres archiconocido, NADIE te da la menor oportunidad de colaborar, ni siquiera gratis...bueno, tal vez en algùn periodiquito de pueblo, que son tambien una especie en extinciòn...