martes, 23 de diciembre de 2008

Tejolote vs. Anaconda

Marquitos “Tejolote” Fleitas sube al ring con la agilidad de un acróbata, las piernas eléctricas, el bigotito recortado a lo Pedro Infante en la mejor barbería del Distrito Federal. Una sonrisa de dientes blancos. Recorre el cuadrilátero con el brazo en alto, provocando al respetable que le responde con un clamor de adrenalina. El de Jalapa luce la soberbia del que, siendo muy joven, aspira a comerse el mundo. Con veinte años ya ciñe la corona de los pesos medios de la Ciudad de México. No es la gloria, pero es un buen comienzo. Esta es su tercera defensa del título y el adversario es un don nadie: Luis Miguel “Anaconda” Rovira. Un hombre de mantequilla un boxeador de Tijuana en el final de una carrera gris mate. Luis Miguel es consciente de que han preparado la pelea para que el cachorro se luzca. Para que no haya problemas y el título no cambie de manos. No le importa, necesita pelear aunque sea para degustar la derrota, sólo sabe hacer eso y descargar abastos en el Mercado de la Merced. Tampoco tiene una mujer a quien rendir cuentas ni un hijo al que demostrar que su padre es una roca.
Luis Miguel es una serpiente vieja. Sus mejores años ya pasaron. No fue mucho, pero llegó a pelear con alguno de los grandes. Incluso puede alardear de haber cruzado los guantes con Raúl "Ratón" Macias, en el cincuenta y dos, un año antes de que el mejor boxeador que engendró México se sentara en el trono mundial del peso gallo. ¡Raúl sí tenía pegada! Pero Miguelito le aguanto de pie un asalto completo – muchos otros cayeron antes.

Marcos “Tejolote” se concentra, ha dicho en la previa que tumbará a la “Anaconda” antes de que acabe el primer round. Llegan los himnos. El público del Coliseo Arena obvia el silencio respetuoso. Al finalizar la música una lluvia de confeti ensucia la lona. Cuando retiran los papelitos de colores todo queda listo para la pelea.
“Tejolote” Fleitas y “Anaconda” Rovira juntan los guantes y se insultan con la mirada. El Jalapeño baila entre las cuerdas con la soltura de un puma joven. No le va a dar ninguna oportunidad al bueno de Luis Miguel, por eso, desde el inicio, le golpea los bajos con insistencia para vaciarle el fuelle. Y baila, y baila, y baila...

La “Anaconda” le cede la iniciativa, más por sus limitaciones que por una estrategia premeditada, y Marquitos se perfila constantemente para golpear con la derecha el rostro de su adversario. Un gancho de recorrido perfecto impacta sin misericordia en el hígado del de Tijuana. Le pone en aprietos. Rovira sabe que ya no se va a recuperar de ese golpe. Otro puño de Marquitos revienta el pómulo izquierdo del reptil. Este se desmorona sobre la esquina neutral. Recibe la cuenta y, ya de pie, busca aire con desesperación. Se le ve aturdido y agitado, pero ha caído faltando muy poco para el final de la primera vuelta y eso le da vida. Cuando Fleitas se dispone a definir, suena la campana salvadora.

Ya en el rincón, su preparador de siempre: el fiel Angelito Molina, intenta restañar la herida, insuflarle aire, arengarle con palabras de ánimo. Luis Miguel “Anaconda” Rovira no le escucha. Tiene los ojos clavados en una muchacha que se sienta en la primera fila, junto a un tipo gordo que devora un puro de tamaño XL. Es muy bella la chica, lleva un sombrero “Belle Époque” y debe tener los veinte años recién cumplidos. Le sostiene la mirada descarada mientras le regala una sonrisa espléndida.
Antes de que la campana señale el reinicio del calvario, "Anaconda” lee en los labios de la joven una frase que le va a cambiar la vida: No seas pendejo, mi cuate, y vente conmigo. Sin pensárselo dos veces, el boxeador de Tijuana se arranca los guantes con la boca, los arroja al rincón de Marquitos Fleitas, que lo mira perplejo, y sale tropezando del cuadrilátero para dar un abrazo pegajoso a la mujer que no deja de sonreírle. Un abrazo de esos que duran una eternidad, como los que dan los púgiles que ya no quieren pelea. Los boxeadores acabados.


Andrés Portillo

3 comentarios:

BACO dijo...

Me gusta muchíiisimo este cuento.
Andrés es un buen narrador.

luisa dijo...

Muy bueno. El final, tiernísimo a la vez que potente.

Un beso.

Ada dijo...

Otro final de esos a la manera, "señora X", en el que mezclas, muy bien, la dulzura con el dolor, lo malévolo con la gratitud. Durante todo el relato juegas con ello y sólo al final pareces inclinarte hacia un lado sin desbancar al otro.
Besos.