lunes, 29 de diciembre de 2008

Entrevista a Oscar Sipán







El 11 de diciembre, Oscar Sipán pasó por Madrid para presentar su nuevo libro de cuentos AVISOS DE DERROTA en la librería del cuento Tres rosas amarillas. Aprovechamos la ocasión para charlar con él de su nueva propuesta narrativa.












En Avisos de derrota existe un tema recurrente que se desprende de la mayoría de los relatos del libro y que es el desamor. ¿Podríamos decir que es el desamor el motor que guía estos relatos?
Citando a Olga Bernad, creo en los hombres desesperados, no encuentro otra manera decente de estar en el mundo. Y en Avisos de derrota encontramos muchos personajes así. En realidad todo parte de una experiencia vital. Hace dos años sufrí lo que denomino un tsunami sentimental, una ola gigante que arrasa la superficie visible e invisible de tu vida. En ese momento estaba ayudando a mi prima Laura a poner en marcha un cortometraje, El talento de las moscas, y descubrí un corto que se llamaba Ana y Manuel. En él, Elena Anaya pronuncia una frase maravillosa: “Tener un gran perro cuando se es joven y no se quiere estar solo es ya un aviso de derrota”. La frase se me quedó enquistada en la memoria. Pasé un tiempo sin poder escribir, escapando de mi pasado, viajando por Chiapas y Oaxaca con un título: Avisos de derrota.


















Pero además los cuentos tienen una vertiente digamos “mágica” muy próxima al boom del cuento tradicional en Latinoamérica. Ese efecto mágico, ¿cómo surge en tu escritura?
Simplemente alejándote y mirando las cosas con ojos curiosos. Te voy a poner un ejemplo: en mi segundo libro, Pólvora mojada, se trata el tema del xenotransplante -trasplante de corazón de cerdo a humano-. ¿Dónde queda la poesía? Este corazón que late, es un corazón de cerdo. La protagonista dice “yo leo a Pablo Neruda y él trasplanta corazones de cerdos, el mundo es tan raro como eso”. Me gusta esa definición que dice “que un cuento es una imagen que razona”. El otro día un telediario abrió con la imagen de un piano abandonado en el claro de un bosque. Es un ejemplo de dónde parten los mecanismos de la ficción que yo suelo utilizar.



Eres un escritor muy profuso: las imágenes de tus cuentos, las metáforas, las comparaciones como ésta: “Los domingos rezaba como rezan los chapistas al dios del granizo”. ¿Dónde está el manantial?
Esos son pensamientos caminados. A mí me ocurrió. Acababa de comprarme el coche y una granizada me dejó la chapa como un campo del golf. Me dije: alguien le está dando las gracias al dios del granizo. Esos pensamientos caminados, esas historias vividas, duelen más y se aproximan a mi Biblia particular, el canon de John Cheever: primero, la historia tiene que ser interesante y ese interés se compone de misterio o algo similar que atrape al lector. Segundo, la historia debe reflejar algo personal. Tercero, tiene que darse una tensión narrativa. Con esos tres mecanismos bien empleados pones en marcha un cuento. Y luego está la responsabilidad de escribir, de enfrentarse a una historia, algo que la gente de la profesión suele olvidar.



Vamos a hablar de "La Jaula de Faraday", uno de los cuentos más logrados y con mayor trascendencia de este libro. ¿Cómo se te ocurre ese cuento?
"La Jaula de Faraday", como título, surgió en un viaje a Madrid junto a mi amigo Oscar Sanmartín. Faraday es un personaje que todo lo que aprendió encuadernando libros, y de esa curiosidad, tenía que salir un relato. Pero, luego, descubro la historia de Nelson Marra, que me afectó de forma plena y no tardé en identificarme con ella. La vida literaria pasa muy rápida y más en los concursos. La mayoría de la gente hace lo que yo llamo “música para catedráticos”, está escribiendo lo que quieren leer los jurados, catedráticos, escritores frustrados o escritores. Yo reniego de eso, y siempre intento poner en los cuentos algo subversivo, algo que se aleje de lo políticamente correcto, abandonar la senda de lo políticamente correcto. En este cuento apliqué un mecanismo muy sencillo, muy de Saramago: ¿qué pasaría si Onetti no premia a Nelson Marra? De ahí surge el cuento, como homenaje a una historia (que me gustaría editar en Tropo) que le costó cuatro años de su vida a un escritor y el exilio.























Hay otro cuento maravilloso en el libro, un cuento esférico, "El sonido de matar y el sonido de morir". Cuéntanos la intrahistoria de este cuento.
Ese cuento surgió a mitad del rodaje del cortometraje de mi prima Laura. Se estaba rodando en Los Monegros y aprovechando esa localización, descubriendo ese mundo tan extraño, el trabajo en equipo, las escenas repetidas, surgió la historia. Recordé una cita del escritor portugués Peixoto que hablaba del sonido de matar y del sonido de morir, y enseguida supe que tenía el cuento. Decía Onetti que los títulos iluminan la historia. Sólo faltaba escribirlo.


En este cuento y en "Cuarenta días de niebla" y en "El dios de las camareras" haces flash back, partes la historia en pedazos y le muestras al lector un anticipo de lo ya pasado antes de meterle en la corriente actual de la historia. ¿Eres conciente de que haces eso, planificado de antemano, usado como técnica narrativa o es algo natural?
No, no soy conciente. Mis cuentos nacen de una imagen o de un desasosiego. Empiezo a ser conciente de los mecanismos que uso, ahora, compartiendo en los talleres literarios. "Si quieres aprender, enseña", que decía Cicerón. Veo la escritura como una forma de estar despierto.




















Para acabar la entrevista me gustaría que contases a los lectores qué es lo que ahora mismo estás leyendo, las lecturas que te han influido y tus próximos proyectos.
Empiezo por el final. Siempre hay proyectos. Yo intento alternar un libro realista con uno fantástico. Ahora le toca al fantástico: estamos preparando el segundo volumen de Guía de hoteles inventados (libro ilustrado cuyo primer volumen obtuvo el Premio de Libro Ilustrado para Adultos que convoca la Diputación de Badajoz y del que Oscar Sipán y el fotógrafo e ilustrador Oscar Sanmartín son coautores. En este primer volumen se refirieron a ciudades de interior, ahora le toca a las ciudades en guerra).
Respecto a las lecturas, estoy leyendo Terrorista de John Updyke y El mapa del tiempo de Félix J. Palma.
Y en referencia a las lecturas que me influencian, cada época de tu vida tiene un escritor y un libro. Patricia Highsmith y Marguerite Duras siguen despertando mi admiración. Creo que el libro que más me ha marcado es El extranjero, de Albert Camus e Industrias y Andanzas de Alfanhuí, de Rafael Sánchez Ferlosio.


© Texto: Esteban Gutiérrez Gómez
©Fotografías: María Jesús Silva

5 comentarios:

Ada dijo...

Totalmente de acuerdo con el pensamiento de Olga Bernad y con la trnascripción que hace de esa afirmación, Oscar, en su libro. Los personajes a veces son imposibles de aguantar en el dolor y el desasosiego, y la dureza y la "no salida", a mí particularmente eso es lo que me une al libro, me mantiene pegada a él y casi me traspasa y por un tiempo me instalo a vivir en sus imágenes y entre sus metáforas encuentro un sitio confortable.
Un libro para leer muchos ratos, muchas veces.
Besos.
p.d.las fotos estupendas (broma).

luisa dijo...

Una entrevista donde empezar a conocer al escritor sin haber leído el libro. Avisos de derrota puede ser una de mis próximas lecturas. Me gusto mucho su cuento: El efecto placebo. Es un principio.

Besos.

BACO dijo...

Hala, a disfrutar del cuento...

Federico Pirez dijo...

Descubrí a este escritor por medio de una noticia sobre Onetti, en la misma decía que Oscar Sapán había escrito un cuento inspirado en la personalidad de Onetti, entonces impulsado por mi ambición de curioso empecé a buscar información sobre este señor y encontré una cantidad de cuentos maravillosos. Ahora son la 1:30 y todavía no me he podido acostar porque sus cuentos me han atrapado de tal manera que incluso me inspiraron a escribir algunas cosas para mí. Saludos desde Uruguay a Oscar Sapán, prometo buscar más literatura hecha por él.
Chau.

Federico Pirez dijo...

Perdón, Sipán.