miércoles, 25 de marzo de 2009

PABLO MATILLA GUTIERREZ


ilustración by BÁRBARA BUTRAGUEÑO

EL GRITO
por Pablo Matilla Gutiérrez

Paré un segundo apenas, para enjugarme el sudor de la frente y, sin quererlo, sentir el viento entre los dedos húmedos, que me helaba los brazos ardientes por el sol. El hedor de los cadáveres se esparcía alegremente llevado en volandas por el viento que rodeaba mis miembros vivos. Eché una nueva palada de cal viva en la fosa, cubrí la cara de uno de los muertos, envuelto y aprisionado por decenas de otros cuerpos, humanos y no humanos.
___Estaba seguro de que, antes o después, yo yacería en una de aquellas fosas. Otra en otro lugar y en otro tiempo, pero la misma. Con la misma carne desgajada de sus cuerpos originales, arrancada con violencia de la vida. Así, no me cabía ninguna duda, acabaría yo mis días. Y alguien similar a mí, sintiendo el viento helado en sus músculos calientes, echaría cal viva sobre mi boca abierta de muerte.
___Sentía ganas de correr, de correr lejos de aquel campo de fosas llenas de indiferencia. Correr y gritar; gritar hasta que se me deshiciera la garganta y me oyeran allí, al otro lado del mar. Que mi grito, aunque fuese a costa de desbaratar mis cuerdas vocales, llegara allí donde alguien pudiera entenderlo. Y, sin embargo, seguía echando cal con mi pala. Una y otra vez, junto a otros tantos como yo.
___Los muertos y la cal seguían llegando, más y más rápido. Como si fuéramos obreros de la muerte devolvíamos lo que es suyo a la tierra, mezclábamos polvo con polvo. Siempre la mirada en el suelo, en los propios pies, para evitar la vergüenza mutua de vernos empleados en aquella tarea: cavar, callar y tapar. Como única compañía, el susurro del viento, inmutable y cruel.
___Me dijeron que me acostumbraría a la muerte y a su hedor. Pero sólo he aprendido a ignorar, a dejar de mirar y de oír. Cerrar mis sentidos a todo con el fin de aguantar un día más, con la mínima esperanza de no volverme loco. ¿Por qué? Por lo mismo que mi corazón y mi cuerpo siguen funcionando: por perseverancia, miedo, hábito. Sólo me queda seguir tapando cadáveres, seguir con la mirada baja y los sentidos cerrados al hedor. Con la esperanza lejana, casi imaginaria, pero esperanza al fin y al cabo, de que algún día, antes de ser muerte y cal viva, se levante mi voz y grite. Finalmente grite y se esparza por el viento mi voz. Persistente y tozuda viaje por la tierra antes de que una bala atraviese mi cerebro y caiga mi cuerpo sobre el polvo seco.
___Mi única razón, pues, para seguir latiendo día a día, es atreverme a gritar. Tan simple y tan difícil como eso.

Pablo Matilla Gutiérrez nació en Oviedo en 1986. Es licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona, aunque su pasión es la literatura. En 2008 recibió el primer premio de relato para jóvenes del XXXIV Certamen Literario María Agustina, por su relato “La palabra”. En 2009 el jurado del VII “Eugenio Carbajal” le concedió una mención especial por el relato “Icebergs”. Colabora con revistas como Eventual o Paralelo Sur. Asimismo mantiene el blog literario Los ritos de Paso (http://losritosdepaso.blogspot.com/)

3 comentarios:

Malalua dijo...

Me ha encantado, es fantástico.

... Costilla. dijo...

Que buena revista :: Buenisima seleccion de Cuentistas :: Ya uniremos lazos queridos::

VUK dijo...

enhorabuena, muchachos!!! es una pasada!!!